martes, 13 de agosto de 2013

¿Democracia de Pueblo, de Partidos, o de Grupitos?


En una hora aciaga durante la Guerra Civil norteamericana, Abraham Lincoln acuñó la fantasía retórica --- como ideal --- del “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.  Eso ha quedado consagrado en la imaginación democrática desde entonces como aspiración, como ideal en el gobierno de los hombres, que no se cumple, pero que debería cumplirse.

Más cerca de nosotros, en el Puerto Rico del 2013, ¿cómo quedamos frente a la asignación que nos dejó el maestro de Kentuky?  Para una respuesta breve hay que distinguir el gobierno del pueblo --- directamente, como en la polis griega --- del gobierno de los partidos.  Porque en la realidad concreta, el pueblo como colectivo, como el todo, nunca gobierna.  Se vale de partidos --- de partes --- y delega en ellos la responsabilidad de responderle acerca de sus necesidades y problemas y aspiraciones. 

Pero los partidos, que se presentan a sí mismos como instrumentos del Bien Común, nacen idealistas y al cabo de una generación a lo más se convierten en maquinarias inclementes mediante los cuales los líderes cancelan la participación del pueblo y su organización se traga el idealismo original.  Esa es la historia de nuestra historia política:  del idealismo práctico, programático  de toda la generación del 40 que acompañó a Don Luis Muñoz Marín, a la manipulación de frases huecas, mentiras y medias mentiras del “grupito” que maneja a Alejandro García Padilla:  su hermano Antonio, de funesta recordación en la Universidad, en la que su “dolce vita” dejo atrás por mucho el radicalismo sensual de Federico Fellini; Marisara Pont, beneficiaria de los millones publicitarios del PPD desde los tiempos y los gastos alegres de Hernández Colón aquí, en España y en el resto de Europa; Fernando Agrait, panita del bufete y de mentoría en aquellos mismos tiempos, y naturalmente Rafael Hernández Colón  y su vástago fotostático, José Alfredo Hernández Mayoral.  Ese es el grupito, ese es el gobierno, ese es el Estado.  No se diferencian del PNP ni en sus ideas, ni en su amor patológico al dinero, ni en su afán de servirse de los haberes del pueblo para su avaricia privada.

De ahí procede la crisis moral, la crisis de competencia, y la crisis política por la que atraviesa el PPD en los días que corren:  un gobierno de grupitos, de espaldas al pueblo y al partido, que un día creyeron optar por otra cosa.

lunes, 12 de agosto de 2013

La Xenofobia y el Clientelismo: Dos Caras de la Antidemocracia


La crisis desatada por el Presidente del PPD, al violentar el proceso democrático en su partido en aras de una candidata particular, plantea la fragilidad moral de ese partido, en este caso en la selección de una legisladora que completaría el cuadro de 78 que constituyen nuestra Asamblea Legislativa.

Todos los candidatos a llenar la vacante tienen un claro historial de servicios al partido y al País, en posiciones de diversa jerarquía y visibilidad.  Despreciar esos servicios a la hora de la selección, en aras de una candidata particular constituye un atropello a los derechos de todos.  Opacar los méritos de la favorecida, al señalarla él mismo como extranjera es convocar al rechazo xenofóbico de parte del pueblo enojado por la arbitrariedad, cuando en situaciones normales nadie recordaría su país de origen, ya que es puertorriqueña de formación, profesión y afectos.  De una candidatura meritoria en buena lid el gobernador ha creado un issue de puertorriqueñidad y extranjerismo donde no existía.

¿Qué mueve al gobernador a cometer este secuestro de la democracia y la lucha política limpia?  Lo mueve la otra cara de la xenofobia --- odio al extranjero, no por su carácter y conducta, sino por extranjero --, que es el clientelismo: una agencia o una posición para cada grupo de votos persuadibles o comprables, para sumarlos el día de las elecciones no importa que --- como en este caso --- se envenene el clima de concordia entre todos los ciudadanos o intereses sociales.  Los gobernantes están para unir, no para dividir en aras de pingües ganancias futuras en el colegio de votación.  El precio moral es muy alto, y puede convertirse en costo político para una administración que ha disipado todo su carisma pre-eleccionario del 2012.

domingo, 11 de agosto de 2013

La Vacante de la Cámara: Una Oportunidad Perdida


El PPD tiene problemas en todas las dimensiones en que el pueblo queda afectado por una administración de gobierno.  La Policía y la Judicatura, entre muchas otras agencias gubernamentales, andan sin rumbo, dirección o ejecutoria que abone a la esperanza y a la conformidad del pueblo.  En la calle y donde el pueblo se reúne y se expresa en sus andanzas cotidianas, la expresión y la vocalización es de desencanto.  Uno supondría, por tanto, que un gobierno sintonizado con el pueblo aprovecharía la necesidad de llenar la vacante de la Cámara para cargar la batería anímica de ese pueblo decepcionado.  Pero no, todo lo contrario.  Se opta por profundizar la crisis de tan temprano descreimiento.

Una banca por acumulación representa, si uno no anda aislado del latir moral y emocional del pueblo, la oportunidad perfecta para restablecer una relación de confianza y sinceración con ese pueblo tan maltratado y estrujado en su esperanza de ayer y en su desilusión de hoy.  Por tocar a un número considerable de precintos electorales, una primaria convocaría la atención de todo el País, pero la maquinaria ciega del PPD ha optado por el mecanismo de señalamiento de dedo, marcando con él a una candidata y dejando --- tendidos a secar --- a los demás candidatos.  La maquinaria colocó en la papeleta segunda a la “nombrada” por el gobernador, y al mejor de los candidatos, al mejor preparado, Manuel Natal, último.  No hay pudor.  Así son las maquinarias.  No me queda duda que el telefonazo llegó a Comerío e Isabela, porque ese señalamiento de dedo tiene problemas en el criterio limpio y sincero de cada día más miembros del Consejo del PPD, que resisten la arbitrariedad y superficialidad de su Presidente.

Hace cien años el sociólogo político alemán Roberto Michels escribió un clásico sobre los partidos políticos, vigente hoy como en el año que se publicó.  Decía Michels que “los partidos políticos nacen al amparo de ideales gloriosos, combaten por esos ideales denodadamente, y se organizan para ello.  Esa organización --- esa maquinaria --- en aras de sus intereses de perpetuación de sus líderes, entregan y mancillan los ideales que un día les dieron vida.  Perecen, y nacen otros, que libran luchas gloriosas, y terminan en lo mismo.  Porque esa es la ley de hierro de las oligarquías”.  El fenómeno no es nuevo, pero nos duele más porque lo estamos viviendo en carne propia y no meramente en la escolaridad de los libros. 

viernes, 9 de agosto de 2013

El Partido Popular “democrático” de ayer (1968) y el de hoy (2013)


El que no aprende del pasado está condenado a repetirlo, nos dejó dicho el poeta filósofo español de formación sajona, Jorge Santallana.  Y antes que él, Marco Tulio Cicerón, el cónsul y orador romano, por excelencia, nos había dicho que quien no aprende del pasado será para siempre un niño.  Así es, aunque para saberlo se necesita alguna cultura más allá de los titulares del día.

El Partido Popular “democrático” realmente sepultó ese apellido en el Hiram Bithorn en julio de 1968.  En un brote caudillista muy caro para la historia subsiguiente, Muñoz prefirió la derrota del partido antes que la democracia, que sólo una primaria para la gobernación podía consagrar y proyectar al futuro.  El Yago de aquella tragedia fue Rafael Hernández Colón, quien, como el intrigante del drama original, puso pañuelos perfumados en el camino de Otelo para insinuar la infidelidad de Desdémona.   Eso le valió heredar el manto ya claramente oligárquico de Muñoz.  En 1983, asistido por Héctor Luis Acevedo como Comisionado Electoral del PPD hizo una alianza insana con Carlos Romero para eliminar las primarias en el PPD a favor de “métodos alternos” que la maquinaria del partido dictaría.

Esa es la doctrina y la práctica vigente hoy, a la altura del 2013.  Alejandro García Padilla ha heredado gustoso ese rafaelismo y se lo impone a candidatos --- y contra otros candidatos --- según le parezca.  Y esa cultura antidemocrática rige como aplanadora contra las conciencias y voluntades de candidatos serios y trabajadores que se derrotan por “fiat” desde Fortaleza y la Presidencia del partido.  Estamos moralmente en 1968, con la diferencia que los maltratados de hoy irán al matadero del Consejo Central del partido como rebaño dócil que se niega a sí mismo su dignidad democrática.

En 1980 Rafael Hernández Colón quiso nominar de dedo al doctor Luis Ernesto Ramos Yordán para Comisionado Residente, porque tenía --- según él --- respaldo en el partido y mucho dinero.  Cuando expresé mi interés en el cargo, pensó que con esa preferencia suya terminaba el asunto.  Le dije que no podía objetar la candidatura de su protegido, pero que yo iría a primarias.  Se quedó sin aliento, seguro como estaba de que yo no tenía recursos para una campaña estatal.  Pero tenía otras cosas que él no podía apreciar, aunque el pueblo sí.  A mitad de camino de aquella campaña, sabiendo que su candidato no pegaba, se inventó otro, al profesor Arturo Morales Carrión, la persona que había presentado y defendido mi candidatura en el acto de presentación en el restaurante El Consulado, del Condado.  Hernández Colón y Miguel Hernández Agosto hicieron lo indecible por derrotarme en la primaria, y fracasaron.  Luego sabotearon de mil formas mi elección en noviembre de aquel año, pero resultaron derrotados ellos también.  ¡Justicia poética!

Esa es la herencia, y la actualidad del PPD --- en ruta veloz hacia atrás, hacia 1968, dirigido desde Ponce por el rafaelismo otra vez.

miércoles, 7 de agosto de 2013

¿Control Democrático del Gobierno?


El talón de Aquiles de la democracia como sistema político, esto es, la elección por el pueblo cualificado de los oficiales de gobierno para que respondan con sus decisiones de las promesas hechas y las necesidades palpables de la ciudadanía, es la pérdida de control democrático de la conducta oficial.  Usualmente se entiende por el gobierno el Poder Ejecutivo, que es el que administra, y se da poca importancia al Legislativo y al Judicial.  Pero la eficacia y productividad de un gobierno envuelve a las tres divisiones de la administración política.

Después de las elecciones “democráticas” los incumbentes favorecidos por el voto del pueblo tienden a hacerse los suecos:  ni miran, ni oyen, ni entienden el clamor público por honestidad, competencia y productividad.  Excepto en los escasos momentos luminosos de la historia --- Pericles en Atenas, Cicerón en Roma, Lincoln y Roosevelt en los Estados Unidos, Winston Churchill en Inglaterra y Luis Muñoz Marín en Puerto Rico, la democracia y las elecciones son una cosa y las necesidades y expectativas del pueblo son otras.

El poder, el prestigio de la seudo honorabilidad del dinero, honesto o deshonesto, desalojan del alma del político la supuesta motivación original de servirle al pueblo como el honor más alto de sus vidas.  Entonces la democracia se torna hueca, mero cascabel altisonante para cazar incautos.

Eso es lo que hemos estado viviendo en Puerto Rico, por dos generaciones políticas ya.  El contrato democrático se viola impunemente, y se frustra la ilusión a fuerza de engaños y mentiras y aleteos triunfalistas.

¿Qué le queda al pueblo, con voluntad de darse a respetar?  Le queda lo mismo que autorizó a los detentores del poder ilegitimado: su voz, su palabra, su indignación, aplicados a la próxima convocatoria electoral: el voto.

Lo único que hace temblar al político falso y hueco es el voto: que gane el adversario y lo desalojen de la frágil cumbre del poder mal utilizado.

He venido sosteniendo la tesis de que se nos han acabado en Puerto Rico los partidos, los líderes, y los candidatos “menos malos”.  No nos ha producido lo que pensábamos, ni han representado diferencia alguna frente al supuesto peor derrotado.

Los políticos aprovechados que se consideran “menos malos” le tienen pánico a perder --- porque pierden no sólo la elección, sino su falso prestigio y sus prebendas, oficiales y laterales.  ¿No sería conveniente entonces amenazarlos con votar por los ciertamente peores?  Eso sí que les llamaría la atención.  Ello sería, además el único control democrático que le queda al pueblo, ya que, en ese caso, ni “menos malos” son.  ¡Piénselo!  ¿O cree el lector que esa es una medicina muy fuerte?

lunes, 5 de agosto de 2013

Alejandro García Padilla: ¿Síndico Liquidador del ELA?


Los organismos biológicos o crecen o se mueren.  Igual destino le depara la historia a los organismos políticos.  En ese sentido, soy depositario de dos confesiones sinceras y angustiosas que me hicieron los dos grandes arquitectos del Estado Libre Asociado, a raíz de los fracasos se sus gestiones --- de 1963 y 1974 --- de sus propuestas ante el Congreso sobre el desarrollo del Estado Libre Asociado:  Don Antonio Fernós Isern y Don Luis Muñoz Marín.

El fracaso de 1963 fue obra de una traición personal y cínica del Presidente Kennedy a Don Luis Muñoz Marín, con relación a la primera gestión del crecimiento del ELA.  La segunda --- en 1974 --- fue obra del Presidente Richard Nixon, y de sus sucesor Gerald Ford, contra la propuesta de Muñoz del Nuevo Pacto de culminación autonómica del Estado Libre Asociado.

Aunque Muñoz, hasta la hora de su muerte continuó alentando esperanzas de una apertura congresional hacia el crecimiento autonómico del ELA, mi última conversión con él, a la sombra del rancho de Trujillo Alto, denotó tristeza y desesperanza para Puerto Rico ante la mezquindad y torpeza de los Presidentes y el Congreso norteamericanos desde Kennedy hasta Nixon.

Esta fueron sus últimas palabras, que mi amigo Jorge Font Saldaña y yo escuchamos con pareja pesadumbre: "los americanos han sido económicamente generosos con Puerto Rico, pero han sido políticamente mezquinos."  Eso sigue siendo así.

Treinta y ocho años después de aquellas palabras angustiosas, la sordera norteamericana a las aspiraciones y necesidades de Puerto Rico siguen inalteradas.  Es hora de enfrentarse a la realidad:  o la estadidad que el Congreso no quiere, o a la independencia --- en cualquiera de sus forma, francas o simuladas --- que el pueblo de Puerto Rico no quiere.  Si la quisiera, la podría obtener mañana, al pelao, como la ofrecía el proyecto Tydings de 1937, hacia la ruina económica y social.  Y si quisiera la estadidad, tendría que ser a base de perder su lengua materna, degradar su cultura nacional e histórica, abandonar su autonomía fiscal, y aprestarse espiritualmente a ser otra cosa.

Ante ese cuadro de realidades indiscutibles, el Estado Libre Asociado es aún, y por el futuro previsible, la mejor opción práctica, económica y política, del pueblo de Puerto Rico.  Pero, como el coronel de García Márquez, necesita quien le escriba, quien lo mantenga señalando al futuro.  El Senador Widen no es el Congreso, ni la Casa Blanca.  Pero tampoco se trata de atacarlo en forma barata y politiquera, como han hecho hoy los cadres politiqueros de Alejandro García Padilla.  Porque el Estado Libre Asociado es lo que le queda de realidad productiva a Puerto Rico.  Lo que necesita es cabezas claras, y un discurso político lógico y sensato que lo afirme ante alternativas claramente inferiores.  Alejandro y la familia Hernández Colón no son esas cabezas.

jueves, 1 de agosto de 2013

Alejandro: Un Día Malo en Roca Negra


La comparecencia de los líderes partidistas a Washington me pareció --- y así resultó en parte --- una exportación hacia el Congreso del chisme sempiterno entre políticos del patio.  Digo que así resultó sólo en parte porque esta vez se encontraron --- “for a change” --- con una actitud seria de parte de los senadores del Comité de Energía y Recusos Naturales del Senado Federal.  Rubén Berríos repitió lo de siempre:  solicitar la independencia de espaldas al pueblo que no tiene.  Pierluisi: insistió en que le legitimasen el plebiscito tramposo que le impusieron --- él y Fortuño --- al País.  Los senadores no mordieron.  Y Alejandro pretendió que le validaran las posturas huecas asumidas en el pasado plebiscito, en que no defendió al Estado Libre Asociado, con todo y los motes politiqueros con que adornaron esa formula.

Aún así, estas fueron unas vistas distintas, porque los actores puertorriqueños se encontraron, más allá de su libreto cacofónico con un Comité Senatorial serio, inteligente, bien informado y dispuesto a asumir las responsabilidades eludidas por 115 años de incumplimiento de sus obligaciones.

Claramente, el gobernador no estaba preparado para esa confrontación.  Los otros tampoco, pero esos no tenían nada que perder.  Uno porque no tiene pueblo y el otro porque está en campaña para una candidatura, y para ello el status es un paño azul para esos fines.

El Comité sí estuvo preparado, especialmente en su “homework” político, jurídico, constitucional e internacional.

Todo lo anterior apunta a que el debate del status tiene que moverse hacia un contexto serio de libre determinación, en que la voluntad democrática pese más que las fórmulas jurídicas.  Ello recomienda, y más que eso obliga a una Asamblea Constitucional de Status.  Pero eso es el futuro.  El presente es de crisis de todas las fórmulas políticas, por partidistas, por poco serias.

En cuanto al gobernador, su mala experiencia de hoy me recuerda una vieja película de Spencer Tracy --- “Bad Day at Black Rock” --- en la que el actor, con un sólo brazo, tuvo que enfrentar a varios maleantes agazapados.  Alejandro fue al Congreso manco también, cautivo de un grupito de manipuladores toninos y blandengues, que pretenden para el País la misma debilidad de carácter que les define.

¡Si se aprende mientras se pierde, no es todo pérdida!  Ponce está en Puerto Rico, pero no es Puerto Rico.