sábado, 13 de octubre de 2012

¿Cuál Puerto Rico es el que Fortuño Destruye?


Existen dos escuelas de pensamiento económico sobre la caída durante los últimos 40 años de los índices de progreso económico de Puerto Rico.  Se dice por un lado que la capacidad de producción --- producto bruto de todos los bienes y servicios --- se ha venido achicando paulatina pero consistentemente desde los años 70 del pasado siglo.  Todo esto como estadística objetiva, implacable.  A eso debe sumársele como golpe de gracia, la entrega --- por Carlos Romero, Pedro Rosselló y Luis Fortuño --- de la exención contributiva federal a las empresas 936, motor del proceso industrial hasta 1998, al son de  60,000 empleos directos y todos los otros resultantes del factor multiplicador de cada empleo.  Todo como sacrificio en el altar de la diosa estadidad.  Fortuño le debe al País los 60,000 empleos que destruyó al entregar las 936, más los 30,000 que botó con la ley 7.  Él y Romero y Rosselló son directamente responsables de la pérdida de 90,000 empleos directos y de todos los indirectos que ellos producían.

La otra escuela sostiene que el País no es económicamente viable como Estado Libre Asociado y que hay que destruirlo para acogerse a las decisiones de esa diosa americana, o a la fantasía política y económica de la independencia, cuando se sabe en números precisos que ninguna de esas aventuras puede producir lo que promete.

El análisis que antecede se refiere exclusivamente al aspecto económico de nuestra historia de hace 72 años, a partir de 1941.  Pero un pueblo no es sólo economía.  También es, esencialmente, comunidad, sociedad, cultura y valores de solidaridad y apoyo moral mutuo y recíproco.  También es salud, educación, seguridad, servicio y Bien Común como horizontes cotidianos para una mejor vida.

La economía de producción e intercambio es sólo un medio para una vida buena.  Desde ese punto de vista hay que preguntarse si los grandes valores solidarios que guiaron el crecimiento social y económico de Puerto Rico tienen que sacrificarse al egoísmo de unos pocos, que reclaman que como la economía anda en crisis hay que sacrificar todos los otros valores e instituciones que sacaron a Puerto Rico de la miseria de los años 30 y crearon la prosperidad de las siguientes cuatro décadas.  Porque las instituciones privadas y públicas no son sólo economía.

La administración funesta e inepta de Luis Fortuño --- y lo segundo por lo primero --- se ha montado sobre la teoría de que, puesto que la economía anda en crisis hay que destruir todo lo que queda:  el servicio público, la educación pública, las asociaciones privadas (Colegio de Abogados, AEELA) y las públicas (Comunidades Especiales, Fideicomiso del Caño, entre otras) para que un puñado de amigotes políticos se roben lo que es patrimonio de la sociedad entera y no del Estado.  Decía la bula romana de la Iglesia Católica “Unam Sanctam” que fuera de la Iglesia no había salvación.  ¡Ojo Carlos Romero, Melinda y Albita!  Absolutamente un reclamo igual hace hoy el PNP.  El que no esté dentro de esa “ecclesia” no tiene derecho a nada.  Como dijo aquel otro “such is life”.  No importa que sean corruptos, delincuentes e impreparados.  Tienen el poder y eso basta.

En virtud de ese cuadro de desolación moral, yo quisiera pedirle a los políticos improvisados y a los locutores locuaces que pretenden pasar como analistas, que le expliquen al País cuándo fueron iguales el PNP y  el Partido Popular en sus ejecutorias históricas.  ¿En qué universidad,  academia o escuela de periodismo aprendieron es espuria teoría de la equivalencia de los dos partidos principales?  Los portavoces de los nuevos partidos saben eso, pero lo esconden a propósito.  Cuando esos partiditos dicen que lamentan el deterioro y la destrucción de las instituciones que dirige Luis Fortuño, ¿ a que proceso de destrucción se refieren?  Al Puerto Rico que llevan en sus cabezas o al Puerto Rico que el pueblo creó mediante el Partido Popular, cuya destrucción ellos dicen que lamentan?

Hacen falta historiadores sociales e institucionales serios, periodistas serios, políticos serios, que por lo menos distingan el Puerto Rico que creó el Partido Popular Democrático --- del feudalismo republicano a la modernidad, de la miseria al desarrollo que ahora Fortuño destruye o escamotea.

La teoría --- mentira de campaña, no historia --- de que los dos partidos mayoritarios son iguales, acusa en el mejor de los casos ignorancia o pereza mental, en el peor, mala fe, pareja a la de Luis Fortuño, por quien me temo terminarán votando si es que insisten en dividir el voto que lo retiraría para siempre de nuestra vida pública.

Porque un voto por cualquiera de los partidos sin pueblo --- MUS, PIP, PPT, o PPR --- es un voto para que Fortuño continúe destruyendo a Puerto Rico.

jueves, 11 de octubre de 2012

Al Final del Día Ajuste de Cuentas


Como le gusta repetir a Luis Fortuño, sin razón ni lógica:  “Al final del día …” cuál es el  balance de su triste ejecutoria como jefe de gobierno.

Prestemos atención a ese concepto de “jefe de gobierno” porque encierra la síntesis de su incompetencia y desconocimiento de la función de un primer mandatario ejecutivo.  A la luz de ese compromiso, ¿cuál es el balance a 26 días de las elecciones?

Si Luis Fortuño hubiera tenido ocasión moral de servirle al pueblo en sus múltiples penurias --- en un País inmensamente pobre, con una cúpula de ricos insaciables, que son la clientela de Fortuño --- no debió tener dificultad alguna con personas, aún de su propio partido, que ya habían recorrido ese camino.  Pero sobre todo debió haberse informado sobre qué es eso de un “jefe de la Rama Ejecutiva”, y líder de la Rama Legislativa, siendo presidente del partido mayoritario.

En Puerto Rico con sólo un documento clásico bastaría para enterarse de esa función.  Lo escribió Don Roberto Sánchez Vilella al comienzo de su administración como gobernador, con la experiencia de 16 años de labor eficiente y productiva como el administrador por excelencia al lado de Don Luis Muñoz Marín, titulado sencillamente así:  Función y Acción de la Rama Ejecutiva, en el que esboza directa y sencillamente la teoría y la práctica de una administración democrática.  La Rama Ejecutiva la concibió como brazo del pueblo para que se le sirva racionalmente, objetivamente, sin acepción de personas o partidos, si es que los recursos del pueblo --- su tesoro--- que administran las agencias y departamentos han de utilizarse con una pulcritud ética obsesiva, si se quiere, --- como en efecto los utilizó Don Roberto Sánchez Vilella.

Si uno quiere poner en pantalla o video el contraste entre un gobernador responsable, efectivo, con dedicación implacable al Bien Común, como lo fue Don Roberto, con el espectáculo de reguero de Dios Padre de la administración de Luis Fortuño, se trata de la diferencia entre un profesional completo y un diletante.  En el fortuñismo el único principio que rige desde Fortaleza y a través de toda la enredadera ejecutiva es harto evidente, uniforme y transparente:  beneficios a los de la casa, su partido, a su familia, y perseguir a los demás, porque el universo como pensaron los antiguos egipcios se componía de sólo dos clases, “nosotros y los otros”.

A cada desastre departamental o de agencia, Fortuño meramente nombra a otro, no explica nada, y asume la corrupción como suya.  Es irresponsable porque no responde, no explica, no educa --- sencillamente le salió mal y pone a otro, igual o peor, como ha sucedido en Educación, Salud, Puertos, Energía Eléctrica, Planificación, la Universidad, entre otras instituciones destrozadas.  El anuncio mendaz, la mentira patológica que es su marca de fábrica, una campaña de trivialidades, de pura titerería publicitaria, porque nunca tuvo ni tiene programa ni equipo de gobierno.

Fortuño no explica porque no puede explicar.  Nunca tuvo un programa de gobierno que no fuera transferir la riqueza de los pobres y medianos a los ricos.  En el proceso auspiciar la corrupción más salvaje que jamás ha visto el País.  A eso se refiere cuando en su principal anuncio de campaña promete “seguir avanzando”.  ¿Avanzando a destruir lo que queda?  A la luz de estos hechos, Pedro Rosselló fue un querube en el altar de Wanda Rolex.

Para el nuevo cuatrienio, Fortuño no tiene nada en la bola ni la apariencia tan siquiera de una cosa nueva, porque la corrupción es más vieja que el viento.  Él meramente la ha elevado a filosofía de gobierno.

Sobre Fortuño puede decirse lo que se dijo de la Segunda Parte, apócrifa, de El Quijote:  “Segundas Partes nunca fueron buenas”.

miércoles, 10 de octubre de 2012

El Cristianismo Oficial del PNP


Antes de que llegue el lunes, como diría la exquisita crítica social Mayra Montero, y antes de que Carlos Romero y su sin igual Melinda, más el arrimo teológico de Albita Rivera disuelvan la Iglesia Católica en Puerto Rico, después de cinco siglos y cuarto de gestión religiosa y cultural --- lo que siempre ha incluido una dimensión social y política, porque ahí es que habitan los cristianos reales o potenciales --- debo abordar esta nueva teología PNP en sus supuestos y consecuencias.

La realidad histórica e institucional de la Iglesia Católica tiene dos dimensiones.  La primera es la teológica doctrinal, sobre la naturaleza y las causas de las cosas, en base al universo, la sociedad y la trascendencia.  Con esa dimensión de fe y de dogma yo no me meto porque considero toda religión como un patético infantilismo de la mente humana, la misma gente que ha producido maravillas en la ciencia experimental, las artes y la civilización política, y en la explosión tecnológica de nuestro tiempo, con productos más misteriosos para el hombre ordinario que la misma Santísima Trinidad.  En esa dimensión se trata de necesidades sicológicas de los creyentes, y es cuestión de temperamentos y estilos.  “De gustibus non est disputandum”, como decían los latinos de antaño.  De gustos no se discute, punto.

Ahora bien, las iglesias --- la Católica y las otras, que son más epidémicas que los mosquitos del dengue --- tienen una proyección social, viven y se alimentan de la sociedad, y a veces realizan para ella funciones positivas de tipo económico y cultural.  Están constituidas por ciudadanos que piensan, actúan, valoran y acuerdan o confligen entre sí sobre los fines y los medios de la vida humana en sociedad.  Aunque su reino --- en la primera dimensión anotada --- no es de este mundo, según su fundador, la iglesia y las iglesias viven, operan, tienen efectos, y se nutren materialmente de este mundo, el mundo social y político.

Históricamente las iglesias han aspirado al poder total en la sociedad.  En el caso del cristianismo creció y se extendió tras el zarpazo que de ella hizo el Emperador Constantino en sus primeros siglos, y desde allí siempre ha operado con afán de control del poder secular, hasta los dos últimos siglos, donde los estados democráticos han separado las iglesias del Estado, sin negarles a estas su función social y sus derechos humanos y políticos.

En los países protestantes, desde 1516 en adelante, se ha registrado el mismo proceso:  reclamo de independencia teológica con intentos de dominio del ámbito secular.

En las Constituciones de Estados Unidos y Puerto Rico se consagra la libertad religiosa y la política de manos afuera del Estado en asuntos internos y doctrinarios de las iglesias.  El concepto que mejor expresa ese principio es el que prohíbe al Estado “establecer” religión alguna mediante el poder secular ordenado para fines utilitarios y temporales.

En Puerto Rico la Iglesia Católica oficialmente proclamó en 1960, mediante decretos de sus obispos que era incompatible ser católico y popular democrático a la vez.  Muchos líderes republicanos de entonces, como Baltasar Corrada del Río, tomaron parte activa en aquella aberración.  El Vaticano desautorizó aquella jugada eclesiástica, y los obispos fueron sacados de Puerto Rico.

Pero hay gente que no aprende, de un lado y de otro.  Hoy, los politicastros más obtusos del PNP, Carlos Romero, su hija Melinda y Albita Rivera agitan contra el arzobispo Roberto González Nieves porque expresa --- en armonía con todas las encíclicas del papado del Siglo 20 y 21 --- la responsabilidad del  cristiano católico en el ámbito secular:  la preservación de la cultura y la identidad nacional puertorriqueña, la justicia social y los derechos humanos y políticos de todos los ciudadanos.  Eso ofende a los analfabetos y trogloditas del PNP, y piden al electorado católico que abandone la iglesia como si se tratara de un club privado de Caparra o Garden Hills.

No niego que la iglesia mejoraría muchísimo --- éticamente hablando --- sin estos politicastros incultos y voraces de poder total, pero el asunto es institucional, no partidista.

¿Se le escapará al pueblo la contradicción moral que existe entre los que atacan a la Iglesia Católica y cultivan y sobornan a los pastores de las iglesias pentecostales, pululando por sus púlpitos, empezando por la “primera dama” “part-time” y el propio gobernador, favoreciéndolos con sueldos y fondos públicos, a pesar del record claro de buscones y raqueteros de muchos de estos pastores, que viven de la ignorancia y los diezmos de sus congregaciones aleladas?

Estos son los valores de Fortuño y el PNP --- la contradicción, la mentira, el soborno de los pastores con los dineros del pueblo.  Y por si acaso alguien se da cuenta, tienen a Romero, a Melinda y a Albita como pelotón teológico para abolir la Iglesia Católica de Puerto Rico.

Hay que recordar bien de qué Romero estamos hablando.  Porque en El Salvador hace varias décadas, otro Romero, un cristiano verdadero, el Obispo Arnulfo Romero, fue asesinado frente al altar de su iglesia mientras predicaba justicia, conciencia cultural nacional y  derechos humanos y civiles.  Siempre es útil saber de cuál Romero estamos hablando, de Arnulfo Romero, el mártir de la justicia y los derechos humanos, o de Carlos Romero, el procurador de bienes raíces, de escoltas permanentes pagadas por el pueblo, de prebendas y cabilderos millonarios en el PNP de Luis Fortuño, a quien él mismo llamó “embustero” desde el 2004 y se le ha olvidado convenientemente.

¡En qué quedamos!

lunes, 8 de octubre de 2012

El Ocaso del Poder Judicial


En los días más oscuros de los años 30, y mucho más durante el Romerato y el Rossellato, que no reconocían fronteras contra su dominio ejecutivo y legislativo, el pueblo podía confiar en el profesionalismo y la dignidad de los miembros del poder judicial.

Don Luis Muñoz Marín, confiado en su liderato, y en el reconocimiento del pueblo a esa confianza, nombró jueces de todos los partidos e ideologías, tales como don Jaime Sifre, estadista republicano, Rafael Hernández Matos, de igual afiliación, al juez Pedro Pérez Pimentel, reconocido independentista, entre otros de menos nombradía.  Todos incapaces de tomar órdenes de los politiqueros mediocres de ningún partido para decidir.

En menor grado, esta tradición la continuaron los gobernadores siguientes, hasta que llegó Luis Fortuño a Fortaleza.  Con la consideración adicional de que en el pasado existían comisiones mixtas de profesionales del derecho que servían de asesores, de filtro a la consideración de los que se declaraban candidatos en todos los niveles de la judicatura.  Y no sólo comisiones independientes, sino también el ilustre Colegio de Abogados, que por ley cernía los candidatos y recomendaba al gobernador.

Luis Fortuño ha hecho “tabula rasa” de toda esa aleccionante tradición, y sólo ha nombrado al poder judicial gente débil, mediocre, activistas del PNP que deshonran la toga y el derecho desde lo más bajo a lo más alto, el Tribunal Supremo de Puerto Rico.

La incultura política sobre principios y entendidos democráticos se da la mano con la incultura jurídica de los nombrados, y el resultado es el caos moral en los tribunales --- con las pocas excepciones que quedan de épocas pasadas --- y la indefensión del ciudadano y de las instituciones que no profesan el credo PNP.

Las Constituciones de los Estados Unidos y de Puerto Rico están diseñadas para asegurar árbitros objetivos, competentes, para declarar el derecho en conflictos civiles que se le requieren.  Pero cuando los jueces se declaran jubilosamente al servicio de quien ganó las últimas elecciones, adiós justicia y adiós régimen de derecho.

Las dictaduras ---duras o blandas --- productos de los golpes o de los votos, se relacionan con la sociedad civil como tropas de ocupación que buscan eliminar todos los bolsillos de oposición, esto es, “los que no votaron por mí” según ha dicho Luis Fortuño.

En la tarde de hoy hemos visto la expresión más obscena de esa actitud y de esa mentalidad.  Un juez superior, de los de la casa, se revocó a sí mismo cuando le “jalaron” la toga y ha dictaminado que el voto de los encamados no tiene que ser secreto ni libre de coacciones, contrario a todos los otros votos del día de las elecciones.  ¿Qué falta para el robo y el fraude electoral masivo de Luis Fortuño y el PNP?  ¿Que llegue el 6 de noviembre?

¡Comparado con Luis Fortuño, Hector O’Neill es un niño de teta!  Están jugando con fuego, y no es meramente el fuego popular.

domingo, 7 de octubre de 2012

La Marca de Fábrica de los Mandones


Loa mandones, los dictadores, los gobernantes absolutos --- que es la regla en la historia de la humanidad hasta el Siglo XVII --- exhiben un carimbo, una marca de fábrica que los identifica sin lugar a dudas, frente a gobernantes democráticos, liberales, de poderes limitados.  Por un lado, la sensualidad casi erótica por el poder total, sin límites.  Por otro lado, la alteración del sistema político constitucional --- mediante el cual llegaron al poder --- para apoderarse de todo el poder.  En manos de un fanfarrón como Hugo Chávez --- una especie de Jorge Santini venezolano --- el hecho no sorprende.  Pero en manos de una aparente mosquita muerta como Luis Fortuño, el fenómeno reta la credibilidad, la suya y la de los que votaron por él en el 2008.

Este contraste entre prédica liberal y conducta totalitaria, mientras a su vez se pretende reducir el gobierno  a una débil ficción, viene de lejos en la historia de Occidente.  Hasta mediados del Siglo XVII todos los gobiernos y todos los gobernantes fueron absolutistas y/o totalitarios.  Las camarillas que dominaban las asambleas y las cortes en la democrática Atenas mataron a Sócrates, y la camarilla hebrea que representaba a Roma en Jerusalén mató a Cristo.  Los dos se atrevieron a ejercer su libertad de pensamiento y expresión.

La democracia liberal --- esto es, el sistema de gobierno limitado como antídoto a los mandones --- es cosa del Siglo XVII y XVIII, de las revoluciones inglesas, americanas y francesas.  El pueblo adquiere libertades, y vota para poner y quitar gobiernos, y para vigilar a los mandones que intentan tragarse para ellos personalmente, los tres poderes del Estado y las libertades de la sociedad.

La personalidad autoritaria no repara en esas teorías y precauciones.  Algunos, como Luis Fortuño, desprecian el gobierno del pueblo pero se lo abroga todo, ilegal e inmoralmente.  Eso hizo Julio César en Roma, los Luises de Francia, todos los reyes de España, y los de Inglaterra hasta que el pueblo se sacudió de ellos.

Observe el lector el siguiente proceso en America Latina:  Fidel Castro prometió restituir la Constitución de 1940 y la traicionó, apoderándose absolutamente de todos los poderes sobre personas y cosas.  Hugo Chávez juró en vano por Bolívar y manchó su memoria con su fantochería totalitaria.  Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador llegaron al poder mediante una Constitución liberal, y desde el poder la cambiaron para perpetuarse en el poder absoluto y total.

Fortuño, supuestamente republicano o liberal en cuanto a gobierno limitado, desarrolla un apetito voraz por el poder total, quiere alterar la Constitución, cambia las reglas del juego electoral, limita la libertad de expresión, y vende al mejor postor los derechos de las víctimas de los mogules hospitalarios.  Le quita derechos a los débiles para vendérselos a los fuertes.  Ese es el carimbo, la marca de fábrica de los mandones. 

El liderato es otra cosa.  Es fuerza moral,  es la dignidad de la honestidad y la verdad.  Su conducta representa otra corrupción --- además de la del dinero público que reparte entre sus amigos --- que carcome el sistema democrático que heredó, y que en menos de cuatro años ha hecho cenizas.

sábado, 6 de octubre de 2012

Misericordia: Luis Fortuño visto por Benito Pérez Galdós


A veces la verdad se escapa a la percepción directa, y se hace necesario abordarla por analogía.  Una imagen bien lograda, decía Confucio, vale más que mil palabras.  Los griegos llamaban a esa imagen ídolo, espejo reproductor de la Idea.

En los últimos días de lecturas he tropezado con las primeras líneas de una novela de Benito Pérez Galdós que mi antiguo profesor de Español 2 de la escuela superior de Bayamón, el poeta Pedro Juan Labarthe no se cansaba de admirar.  Se trata de Misericordia.  Su primera línea rebotaba en mi memoria sin poder fijarla, entre tantas novelas de ese genio de la literatura española.  Pero este fin de semana dí con ella, y me aferro a su utilidad retórica para expresar lo que hoy quiero señalar sobre Luis Fortuño, un tema tan desagradable como importante.

Dice Galdós abriendo su exquisita novela:  “Dos caras, como algunas personas, tiene la parroquia de San Sebastián… dos caras que seguramente son más graciosas que bonitas: con la una mira los barrios bajos… con la otra, al señorío mercantil de la plaza…”  Está definiendo Galdós la duplicidad moral --- las dos varas posibles --- en la vida de un pueblo, las dos varas que literalmente, aplica Luis Fortuño a este pueblo crédulo, que de buena fe pensó que era un hombre serio, honesto y confiable.

Dos caras:  la cara política entendida como lucha sin cuartel por medios legales o ilegales, morales o inmorales, sin escrúpulos, donde todo se vale, para mediante imágenes fabricadas --- embustes caros --- emborujar al pueblo con retratos de monaguillo santurrón que quiere aparentar que lleva al pueblo en su corazón.

 La otra cara la que le vende los intereses del pueblo al mejor postor, los reclamos de las víctimas de la irresponsabilidad hospitalaria y médica, para que los perjudicados no puedan reclamar reparación económica ni expresión pública.  Fortuño personalmente ha defendido esa mordaza y ha violado la ley del servicio público al extorsionar a los favorecidos con sus actos en horas laborables al son de $2,500 por cubierto.

Tercera cara de Fortuño:  gasoducto y expropiaciones --- al son de más de 100 millones --- a favoritos del PNP de palacio sin cualificaciones profesionales para lo que contratan.  Ahí están los Roger Iglesias, los Medina, los Ray Chacón, los Rivera Nía, y todos los clientes directos del amiguismo fortuñista, y que el pueblo pague.

Como decía Galdós, una cara para los barrios bajos, el pueblo, y otra cara para el “señorío mercantil”.

Una cara, dos caras, tres caras … ¡Misericordia, es el título de Galdós y el grito del pueblo de Puerto Rico!

viernes, 5 de octubre de 2012

La Transparencia de Luis Fortuño


Decía don José Ortega y Gasset en cada afirmación de valores o verdades que profesaba que le transparentaban la espina dorsal.  Por eso fue maestro de generaciones subsiguientes, porque sin esta adhesión frenética a la verdad no hay filosofía, ni ciencia, ni justicia.

Ese ejemplo luminoso de respeto a la naturaleza de las cosas --- la verdad --- y a los valores humanos que ello engendra, es el compás, la brújula de todo pensador serio y de todo político decente.  En ausencia de esa voluntad de verdad y de justicia --- de ley y orden en el pensamiento y honestidad en la acción --- la vida humana y social recae en el “estado de naturaleza”, en la que el poder crudo, el poder de hacer mal mientras hipócritamente se predican valores del bien, impera impune, y la vida según advertía Tomas Hobbes a mediados del  Siglo XVII, “se vuelve solitaria, pobre, odiosa, brutal y breve”.  Impera la anonimia, es decir, el descreimiento total de todos los valores.

Puerto Rico ha sufrido durante la última semana una sucesión de escándalos planeados desde Fortaleza, y ejecutados por el Departamento de Justicia, por la Comisión Estatal de Elecciones y otras agencias del Partido Nuevo Progresista (no digo Estado ni gobierno, ya que el partido, a lo Stalin, Hitler y Franco, se lo ha tragado todo).

Primer escándalo, primer atraco:  por si pierde las elecciones o sabiendo que las va a perder, Fortuño “atornilla” en puestos regulares a todos los PNP que llegaron de la calle después del 2 de enero de 2009.

Segundo escándalo, este de tipo electoral, dirigido desde Fortaleza para empezar a robarse las elecciones mediante un esquema inconstitucional de poner a votar como encamados a personas vivas y muertas mediante un voto por correo que está claramente dirigido a negarle la secretividad al voto porque en su ejercicio no habrá presencia de la oposición, producto de la mente ratera de Edwin Mundo, veterano del fraude de Guaynabo y recordado como el autor de la patraña contra Sila María Calderón en el año 2000 mediante el engaño y la coerción a una empleada doméstica dominicana.  La corte superior tiene ante sí el intento de robo electoral descarado defendido públicamente por Mefisto Rodríguez Pujada, e increíblemente respaldada por Luis Fortuño personalmente.

Tercer escándalo:  la compraventa de la inmunidad hospitalaria contra las víctimas de impericia médica.  Primero el censor oficial del PNP en la Comisión Estatal de Elecciones le impide a la Asociación de Víctimas expresar públicamente sus ideas y amenaza a los medios para que no publiquen esas ideas, y para coronar esta podredumbre, Luis Fortuño va personalmente a un acto de recaudación de fondos para su campaña y les vende a los mogules hospitalarios esa inmunidad a cambio de $2,500 por cubierto, todo esto en horas laborables.  Hizo más, por reglamento, porque por ley no puede hacerlo, le concedió a los hospitales la misma inmunidad de que goza el Estado en estos casos.  Se trata de una acción claramente inconstitucional además de inmoral.  Ese es el hombre que anda por ahí predicando valores, mientras vende políticas públicas al mejor postor.

A la luz de estos hechos, ¿a cuáles cortes se puede ir en Puerto Rico a reclamar derechos contra su gobierno?  Las víctimas de la impericia médica son ahora víctimas también de Luis Fortuño.

Todos, el servidor público serio y dedicado, el enfermo o legítimamente encamado, la víctima de impericia médica, entre otros muchos, pisoteados por este trujillismo boricua, quedamos a la intemperie desde el punto de vista de la justicia y los derechos.

La actuación desfachatada de Luis Fortuño de venderle la salud y quizás la vida de los pacientes a sus donantes de campaña no tiene precedentes en nuestra historia aunque él la desconozca.

Los norteamericanos tienen un nombre para esta compraventa:  le llaman “pay for play” --- si pagas puedes jugar, sino, no.  En boricua llamamos a eso extorsión y en América Latina “la  mordida”.

¡Como verá el lector, en la transparencia de Fortuño, se le ve más de lo que el quiere mostrar, mucho más!