viernes, 18 de mayo de 2012

Gobernador y Gobernabilidad

Hace años que vengo escuchando, como explicación a las frustraciones de los gobernantes y del pueblo, la teoría de que se trata de una sociedad que se ha tornado “ingobernable”.  Ese es un concepto vacío en que caben todas las incompetencias, irresponsabilidades y fracasos.  Se le echa la culpa a la sociedad, y ¡ya está!  Todo se aclara y todo se excusa, incluyendo todos los incumplimientos y todas las traiciones.  Para ser gobernable, la sociedad necesita un gobernador que gobierne, mentir no es gobernar.

El primero que echó manos de esta explicación espuria para su fracaso  --- como gobernante y como político --- para justificar su flaco rendimiento administrativo, especialmente en su último cuatrienio de gestión ejecutiva, fue Rafael Hernández Colón.

Nuestro País tiene una Constitución clara, completa y de vanguardia.  No está escrita en mármol, ni descendió del Monte Sinaí como ordenada por Dios, con un carácter “absoluto” en todas sus disposiciones sobre derechos individuales.  Disfrutamos --- cuando no se viola o pisotea --- de una democracia funcional: gobierno por consentimiento, proceso electoral --- cuando no se somete a un fraude masivo, como el del Municipio, Alcalde y Policía de ese ridículo que se llama “Guaynabo City”.

Que Puerto Rico tiene graves problemas de convivencia, de pobreza y marginación, de criminalidad y economía, y de relaciones con Estados Unidos y el resto del mundo, nadie puede dudarlo.  Tiene problemas de corrupción administrativa especialmente dentro del Poder Ejecutivo estatal y municipal.  Otros países los tienen igual.

Tiene problemas de un desarrollo económico estrangulado por causa de la iniciativa de Carlos Romero, Pedro Rosselló y Luis Fortuño para matar la Sección 936 de la Ley Federal (código) de Rentas Internas.  Tiene problemas de Salud, porque los billones de dólares --- federales y estatales --- se desvían hacia aseguradoras con fines de lucro, para que ellos decidan los servicios que ofrecen al pueblo.  Tiene graves problemas de educación publica:  corrupción, incapacidad académica, burocratización casi criminal.

Se organiza la política democrática precisamente para conjurar con lo que se pueda esos problemas.  No existen soluciones totales, absolutas, finales.  Toda conquista social --- entre conflictos, diversidades e incompetencias --- es parcial, incremental, relativa.  El reclamo de lo “absoluto” en asuntos cambiantes me causa urticaria intelectual.  Porque no se puede responder a una situación revolucionaria en sus conflictos con la complacencia conservadora de que hay que adorar las cosas como están, porque están.

El cambio social aborrece los “absolutos”.  Por eso hay que diferenciar lo que se protege en derecho --- el de la fianza, por ejemplo --- y lo que ha demostrado la experiencia en una sociedad cambiante, que exige cambios gubernamentales también.  La sociedad vive el cambio, o lo sufre.  Y entiende la necesidad de adaptar, cambiar, lo que un día se consideró “absoluto”, por una readaptación práctica, a la luz de la experiencia vivida.

No se trata de abolir derechos, sino de adaptarlos a las circunstancias nuevas, a la luz de la mejicanización criminal de nuestra sociedad. 

Se trata mucho menos de que la comunidad sea “ingobernable”.  Se trata de que la realidad cambia y las capacidades de los gobernantes también.  No se trata de “tirar la toalla” de la ingobernabilidad ni de  conservar, contra la experiencia de su inutilidad, derechos “absolutos”.  Se trata de gobernar, con sentido común, pragmáticamente, por gobernantes ilustrados en sintonía con el devenir social que exige soluciones nuevas.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Crimen y Castigo: Liderazgo y Demagogia

No es justo para un líder de una sociedad altamente criminalizada tener que responder en forma clara, luminosa y consistente, a las alternativas de confrontación efectiva con criminales empedernidos, como si fuesen jóvenes desorientados que caen en la tentación del asesinato brutal, masivo, insensible, en la negación de todo rastro de humanidad.

Pero ese es el predicamento a que se ha enfrentado Alejandro García Padilla con relación a la propuesta enmienda a la Constitución para permitir que a ciertos asesinos profesionales --- después de toda la discusión fiscal y de jueces a cargo de los casos --- se les niegue automáticamente, absolutamente, el derecho a la fianza, esto es, a la liberación inmediata y automática, sin que medie un estudio a fondo y documental sobre la índole de su crimen, en protección de la sociedad, como ocurre en los Estados Unidos y en la mayor parte del mundo civilizado.

Suponer que un líder político, jefe político de un partido y candidato a dirigir el País no tenga la opción de rectificar juicios previos, que tiene que ser ejecutor mecánico de juicios de la masa de su partido, es ignorar lo que significa el concepto mismo de liderato democrático.

En la democracia, el líder va al frente.  A veces lo siguen y a veces no.  Pero en ningún momento ese liderato se acredita sacando cuenta de cuántos lo van a seguir o no.

En el caso del respaldo de Alejandro García Padilla a la negación de fianza a criminales empedernidos, se trata de preferir el bien común al bien particular.

En todo caso, el que debiera explicar su hipocresía es Luis Fortuño.  Porque si es sincera su convicción de que la enmienda ayuda a resolver el problema de la criminalidad, debió citar una conferencia de prensa para celebrar que los dos líderes políticos del País --- gobierno y oposición --- estaban de acuerdo en defensa del pueblo contra los asesinos.  Pero aún en este caso es politiquero hipócrita y mendaz.  Ataca a García Padilla porque García Padilla está de acuerdo con él.  Lo cual prueba que su propuesta enmienda no es honesta, es politiquear, y que si el pueblo la aprueba será a pesar de él.

Yo votaré por esa enmienda constitucional.  Y al otro día de su aprobación, Alejandro García Padilla celebrará la corrección de su intuición moral.  Fortuño lo celebrará en forma desabrida, porque se le negó el argumento demagógico contra García Padilla.  De cualquier manera, Alejandro y el pueblo saldremos ganando.

martes, 15 de mayo de 2012

Sobre el Derecho “Absoluto” a la Fianza

Cuando en los asuntos prácticos --- morales, políticos, y de relaciones humanas oigo el vocablo “absoluto”, se me activan las antenas de la precaución intelectual.  Porque en esa vida social y política las cosas no siempre caen cara o cruz --- como decía Ortega y Gasset, en la política la verdad cae de canto.

Creo que el lector necesita, para apreciar con justicia la posición de Alejandro García Padilla sobre la enmienda constitucional al “derecho absoluto” a la fianza, una mirada histórica a las condiciones y circunstancias en que se aprobó ese derecho en nuestra Constitución.  Llamo la atención a dos factores en aquellas circunstancias:  en primer lugar, se trataba, en 1950-1952, de una sociedad rural, segura, de la mitad de la población que hoy tenemos.  En segundo lugar, la composición de la Asamblea Constituyente estaba recargada en demasía hacia abogados criminalistas --- Víctor Gutiérrez Franqui, Benjamin Ortiz, Luis Negrón López, Arcilio Alvarado, Santiago Polanco Abreu, entre muchos otros, quienes naturalmente pensaban positivamente de su profesión.

Sea el caso como fuese, históricamente, no puede caber duda de que nuestra sociedad industrial-comercial urbanizada difiere radicalmente de aquella pequeña sociedad rural, tranquila, pacífica.  El proceso de “mejicanización” --- droga, dinero, armas de fuego, familia y sociedad descompuestas, y el crimen como lenguaje de comunicación social --- confronta a nuestra sociedad con retos y soluciones más a la altura de los tiempos, lejos de las rúbricas litúrgicas de unos derechos civiles absolutos que dejan indefensa e inerme a la comunidad víctima del terror criminal.

Piense el lector de estas líneas, ¿a quiénes y a cuántos protege el derecho “absoluto” a la fianza?  De nuestros cuatro millones de ciudadanos, ¿cuántos perderían ese derecho absoluto  a la fianza si delinquen en forma macabra contra sus conciudadanos --- así determinado por Fiscalía, y por un juez con discreción para así confirmarlo?  Se trata de un pequeño grupo, menor a una décima del uno por ciento, que perderían por unos meses el privilegio de la libertad, con todas las garantías de Fiscalía y el Tribunal para la evitación de errores lamentables.

Ese no es mucho sacrificio para asegurar la paz del resto del 99.99 por ciento de la población.

¿Puede decirse con seriedad de que se está creando la sociedad fascista porque todos los criminales no gozan del derecho “absoluto” a la fianza?

Los Estados Unidos de America, el país más humano y comunitariamente libre de la tierra, ¿es acaso fascista porque no complace en esto a los ideólogos marxistas y fidelistas, sabiendo como saben que el marxismo y el castrismo aborrecen los derechos ---todos --- de las personas frente al Estado?

La función del político democrático ---Alejandro García Padilla en este caso --- es facilitar las transiciones sociales, aún en el caso en que sus propios seguidores padezcan de confusión y ambigüedad.  Así es la vida política.  Pero un líder que envuelve a sus seguidores en unos cursos de acción, les debe la lealtad de ilustrarlos, aunque se quede solo, aunque el cálculo político en estos casos --- y lo es necesariamente en el caso de Alejandro García Padilla --- es el de contribuir a la victoria.  Si esa victoria es obtenible con una rectificación, en honor a la realidad objetiva de las cosas, no hay porqué permanecer de rehén político de unas expresiones incompletas y prematuras en sentido contrario.

Porque la responsabilidad principal del líder democrático es ganar las elecciones, por el pueblo y para el pueblo, no importan las espinas del camino.  Que conserven la terquedad del error los ideólogos, los iluminados, los que César Andreu Iglesias llamó “los derrotados”.

La democracia no trata de la feliz consistencia, terca e inflexible, sobre un asunto dado.  La democracia trata del Bien Común.  Ese bien común, como condición normal de tranquilidad, sí que es un derecho absoluto. No se puede confundir los derechos políticos con la imprudente protección “absoluta” de los criminales, por unas semanas a lo más.

Que unas docenas de presuntos criminales pierdan la libertad por unas semanas en lo que se documentan sus crímenes resulta mucho menos oneroso que toda una comunidad viva mexicanamente a sobresaltos por rendirle pleitesía ritual a un manual ideológico político que gira contra a la tranquilidad de todo el pueblo.

Alejandro García Padilla puede explicar al pueblo todo cuanto quiera sobre su evolución racional en este asunto.  Pero no tiene que darle excusas a sus enemigos ideológicos, que nunca estarían con él, aunque les hablara desde el Sinaí, o de la Sierra Maestra.                         

lunes, 14 de mayo de 2012

Obama: Derechos Humanos Versus Odios Ancestrales

La decisión del Presidente Obama de respaldar el derecho humano de una persona a juntarse en matrimonio con cualquiera otra persona afín, ha demostrado por un lado su alta estirpe humanística y su valor político frente a tantos odios, ignorancias y pensamiento cavernario en esa, de otra manera, gran nación en los albores del siglo 21.

Lo que la oposición republicana --- de acá y de allá --- ha demostrado en su reacción troglodita a la expresión de liderato del Presidente es su endémica hipocresía:  que se junten quienes quieran, que convivan y compartan, como de hecho ocurre --- pero que no se casen , porque entonces se violan los mitos históricos y teológicos sobre la primera boda en el Jardín del Edén.  Adúlteros, prostitutos y prostitutas, degenerados sexuales, salen al unísono a defender el Santo Sacramento del matrimonio.

Que por lo menos la mitad de los matrimonios --- religiosos o seculares, terminen en divorcio porque no hay amor en ellos, no altera en nada el infantilismo mental de los odiantes contra los gay.  Que la Iglesia Católica sea la sede de la más extensa pecaminosidad sexual de la historia, en nada los mueve.  Que la pedofilia sea una masiva práctica detrás de sus muros y sus cortinas, en nada afecta ese infantilismo.  Que los pastores protestantes --- mientras más comebiblia, más pecadores --- se aprovechen de las inocentes hermanas, en nada atenúa su estupidez moral, negando el amor a nombre de Dios es Amor.

Pienso que en Puerto Rico la decisión de Obama no sólo beneficia a los gay que no se esconden, sino que puede constituir una oportuna liberación para los gay del closet.  Supongo que muchos en el Senado de Rivera Schatz --- quizás él inclusive --- pueden sentirse redimidos, listos para la libertad.  El caso podría ser más manifiesto en la Cámara de Representantes, donde tantas damas viven bajo lo que el desaparecido senador Patrick Moynihan llamó “el tormento de la secretividad”.

Allí los prejuicios y el odio no se limitan a la preferencia sexual.  Porque allí sienta cátedra de odio y resentimiento --- a cambio de altísimos sueldos y contratos, la Cucusa Hernández, que recientemente abrazó el odio racial como bandera contra el licenciado Rafael Cox Alomar, cuya calidad humana y profesional exigiría que la Cucusa se lave la boca con piola antes de intentar denostarlo. 

Cuando la Cucusa aspiró a la alcaldía de San Juan hace unos años, alguien impropiamente advirtió que no se debía “meter la pata en la alcaldía”.  Comentario repudiable que ahora la Cucusa supera por mucho cuando se burla del color de Cox Alomar.  La ignorancia histórica castiga a los perversos.  Se le ha olvidado a Cucusa el color de Don José Celso Barbosa, y el del doctor Leopoldo Figueroa, entre otros paladines estadistas de decencia.  Pero, ¡que se le va a hacer!  ¡No todo ensamblaje abultado de protoplasma tiene neuronas! 

domingo, 13 de mayo de 2012

Luis Fortuño: Del Liderato Despótico al Liderato Enclenque

Existen dos grandes divisiones con respecto al liderato, el patrón de mando que se ejerce desde el estado sobre los súbditos o ciudadanos.  El primero es el liderato o poder despótico que ejerce el “despotés” --- el mandón de turno --- sobre el cuerpo de la ciudadanía.  Desde antes de las Guerras Persas de la  antigüedad --- Oriente siempre líder de la tiranía, como lo sigue siendo hoy ---, y como anunciaba Hegel, solo existía un hombre libre: el déspota.

Aún en Occidente hubo que esperar hasta mediados del siglo 17, en Inglaterra, para consagrar el consentimiento de los gobernados, y la soberanía del pueblo como fundamentos de la legitimidad del poder público.  Ese hecho suscitó, en adelante, abundantes y complejas reflexiones sobre los principios de liderato que acredita el ejercicio del poder legítimo de unos ciudadanos sobre otros.

El estudioso que con mayor sistema y enjundia estudió esa transición, y explicó para el mundo actual las variedades de ese liderato legitimo, basado en la ley, fue el sociólogo alemán Max Weber, a principios del pasado siglo.  En una serie de libros sobre el capitalismo y la religión, y sobre la política como vocación, acuñó una nomenclatura todavía válida hoy, sobre los tipos de liderato que confieren poder en un contexto de sociedad libre.

Clasifico Weber las variedades de ese liderato en tres divisiones:  liderato carismático, basado en el mero impacto de la personalidad, la presencia del líder, que atrae y arroba a sus seguidores de una manera poco menos que irracional.  En segundo lugar, ha sido frecuente en la historia y en la actualidad un tipo de liderato tradicional, hijo de la herencia, el hábito, la cultura política.  Finalmente, habló Weber del liderato racional: basado en razones, análisis, alternativas, proyecciones de consecuencias.

Por mi cuenta añado y acuño un cuarto tipo de liderato, compatible con el análisis Weberiano:  el liderato operacional, basado en el manejo competente de los factores políticamente significativos en un contexto de sociedad libre, el liderato que produce resultados deseables para la comunidad política.

Invito al lector a ubicar a Luis Fortuño en esa madeja de lideratos posibles. Pero le adelanto que no hay espacio en ella para los timoratos, los enclenques, los asustadizos. 

Luis Fortuño engañó al País de una manera fundamental:  corrió para gobernador y no gobierna nada.  No gobierna el Ejecutivo, que es una enredadera de republiquitas y corrupciones.  Nadie le hace caso, y no es líder de nadie.  No gobierna --- no liderea --- el PNP porque no se atrevió a tiempo a enfrentarse al maleante de Trujillo Alto.  No gobierna al club incívico de damas  de la Cámara.  No es líder ni moral ni político, de los alcaldes, que hoy se retratan ---los más locuaces, Abel Nazario, Vega Borges, Héctor O’Neill --- como autónomos en la defensa de la corrupción, la suya y la ajena.

Ciertamente Max Weber no estaba pensando en Luis Fortuño para su nomenclatura de liderato.  El liderato enclenque, de conejo asustado, fruto de la mendacidad y la traición --- no cabe en su sistema, porque representa el anti-liderato: ¡ni fu ni fa! ¡Tira la piedra y esconde la mano!

jueves, 10 de mayo de 2012

Guaynabo City: Corruption Capital

Guaynabo ha aportado a nuestra historia --- además y antes de los guaynabitos --- por lo menos tres figuras respetables dentro aún de la lógica de las oposiciones políticas.

De mayor a menor, aquí nació Don Román Baldorioty de Castro, forjador de la conciencia  y de la identidad puertorriqueña.  De rectitud acrisolada, murió en la pobreza extrema, a tal punto que hubo que realizar una colecta entre amigos para sus gastos fúnebres.  Insobornable, estoico --- faro moral en las antípodas que ubican a Héctor O’Neill en la caciquería maltratante de todo el que no se le rinde a sus esquemas de corrupción.

Andando el tiempo, muy cerca de donde resido, se ubicó el gran político y mejor deportista, Don Rafael Martínez Nadal.  Actor, intelectual, insigne abogado, presidió con honor e integridad el Partido Republicano que formó parte de la Coalición de 1933 a 1941.  Con todo el poder político en sus manos, supo servir a la democracia y dio instrucciones para que no se obstaculizara la inscripción del nuevo Partido Popular Democrático, de 1938 al 1940.

Inteligencia, cultura, civismo compatible con el respeto a la oposición --- era una medalla cuyo reverso se llama Hector O’Neill .  Y para retratar la pérfida imagen de O’Neill no hay que ir tan lejos.  Hace apenas unos años otro alcalde de Guaynabo, Junior Cruz, tan político como el que más, no permitió que los humos del poder caciquista se le fueran a la cabeza.  Mantuvo muy buenas relaciones con el liderato popular.  Yo mismo, como Secretario de Educación, logré con él una relación cordial y respetuosa, dentro de las diferencias de intereses que representamos.

¡No hay que ser débil para ser decente!  Los humos del poder se disipan al chocar con la realidad y los derechos de los otros.

¿Cómo es posible que este alcalde mediocre, inculto, borracho de poder, pretenda destruir el proceso electoral al servicio de una pasión por un candidato?

¡Guaynabo City es un ridículo nacional!  Es un centro de arbitrariedades administrativas y de una dictadura ramplona.  Y no crea el País que la corrupción de O’Neill se queda en el fraude primarista.  Guaynabo es una ciudad muy rica, y O’Neill usa ese poder para perseguir a los pobres de las comunidades especiales y alcahuetear a las clases pudientes de la ciudad, construyéndoles proyectitos de muñeca para sus avenidas y accesos.

No crea el País que la corrupción de O’Neill se queda en el robo primarista.  El carácter y la integridad son de una sola pieza --- y sus opuestos también.  Quien roba primarias roba dinero público, sin inmutarse, porque la enfermedad del poder sin freno….… no tiene límites.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Regreso...

Tras una breve involuntaria ausencia de este espacio, regreso y percibo un País en acelerado curso de destrucción.  No se trata de procesos privados, sociales , de depresión, violencia y desesperanza, sino de un tumultuoso esquema de criminalidad oficial que carcome y destruye la urdimbre, el tejido mismo de un pueblo vapuleado por la arrogancia de una tribu primitiva de malhechores que succionan el trabajo y las energías del pueblo para servírselas a una camarilla de amigotes y potentados que enriquecen al Gobernador y se enriquecen a su sombra.

A la primera familia le va muy bien, en el principal renglón que les importa, que es la acumulación de capital, mientras el pueblo gime y desespera en busca de un empleo, de servicios decentes de salud, de una educación medianamente efectiva para salir de la ignorancia y la pobreza.  El gobernador y señora  se enriquecen y predican “valores” a los pobres y desocupados.  María Antonieta en 1789, ante la falta de pan de las multitudes hambrientas de Paris, les recomendaba comer bizcochos.  Eso hace Fortuño con sus “valores”.  Después de arrasar con el tesoro público a favor de sus amigotes.

Pero no se trata sólo de penuria económica y social.  Se trata de la vileza con que Luis Fortuño ha arrasado con las instituciones de la democracia que juró honrar y proteger.  Se trata de la mentira institucionalizada.  Ejemplo luminoso de ese curso de cinismo e inmoralidad política es la trampa del plebiscito, que ahora le ha explotado en la cara, sumado al fraude primarista masivo que todo el País conoce.

Al regreso a este espacio lo que primero noto es la frialdad perversa con que el gobernador ha tratado el fraude electoral masivo de su partido contra miembros y candidatos del mismo.  En primer lugar, debe notarse que no se trata del fraude primarista de unos --- allá abajo ---contra otros, para robarse votos y engañar al País sobre la verdadera fuerza electoral de su partido.  Se trata de que Fortuño es el Presidente de ese partido corrupto.  Y que debajo de él --- el Secretario de la Gobernación, que comunica a otros lo que el gobernador quiere, el Director de Campaña, el absolutamente corrupto Ángel Cintrón y sus  oficiales en la Comisión Electoral --- todos bailan al son que les toca Fortaleza.  Luego cuando la corrupción es patente y visible a leguas, lo único que se le ocurre a Fortuño, desautorizando al Juez Conty --- persona seria y profesional---, es decirle “avancen, terminen con eso” , es decir, encubran, amapuchen , metan la corrupción electoral debajo de la alfombra, que no se vea, porque el pueblo se entera de que dirijo un partido carcomido de corrupción.  ¡Ese es el gobernador que nos gastamos!

Cuando en la democracia las cosas andan mal, el pueblo se refugia en una esperanza práctica:  queda el sistema y el proceso electoral para rectificar y corregir.  Pero si el gobierno se roba también el proceso electoral, sólo queda la nada o la violencia, la emigración, o el retiro absoluto a los aposentos privados de la vida, a maldecir en silencio a los traidores.