lunes, 6 de abril de 2015

La Ambición Política y la Ética del Servicio


La vida política, desde el punto de vista de sus agentes, los políticos, se constituye de dos elementos que, por lo menos nominalmente, parecen cancelarse entre sí.  Por un lado está la motivación del servicio al pueblo, más allá de servirse el político a sí mismo.

Ahora bien, esa ética del servicio público como reto y oportunidad de realización personal, está siempre enfrentada a la ambición personal y a la gula sensorial de la gratificación del poder, del dinero, o de la vanagloria casi erótica del figureo y el protagonismo fanfarrón y hueco, vacío por dentro.

Estos problemas, como signos contrapuestos de la sicología política, están lúcidamente tratados en los Papeles del Federalista, la explicación más completa y sagaz de los principios de la Constitución de los Estados Unidos, en su artículo número 10, escrito por James Madison.

El Bien Común, decía Madison, es producto de dos elementos antitéticos de la Constitución, a saber:  la función del cargo que se ocupa o a que se aspira, por un lado, y por el otro la exigencia de la función asignada a ese cargo.  Porque la función exige dedicación , esfuerzo y sacrificio --- servicio a la nación, al pueblo, más que a sí mismo, por un lado.  Por el otro, sin embargo, eso es posible si existe la ambición, la voluntad, el carácter firme y positivo para aspirar a ese servicio.

El lector está invitado a juzgar nuestra actual crisis política y económica en términos de los valores que hoy asignamos en Puerto Rico a cada lado de esa ecuación: ambición, servicio.  Se trata de una variante de la distinción que hacía en el escrito de anoche entre la clase política-administrativa-gerencial y la clase dirigente, en términos de ideas, conciencia moral, utopismo ético si se quiere.

Trate el lector de ubicar esos principios y esas diferenciaciones en la presente anonimia puertorriqueña: ausencia de normas que den dirección de futuro y de ideales que le den porvenir además de futuro a nuestra pobre ínsula.

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