viernes, 26 de junio de 2015

La Aberración Moral de Héctor O’Neill Contra los Pobres de Guaynabo


Guaynabo, la ciudad donde resido hace 35 años, ha visto una transformación radical en el tratamiento que sus alcaldes han dado a sus residentes, desde el trato humano e igualitario de Santos Rivera y Junior Cruz, en los años 60 y 80, al trato despótico y persecutorio que Héctor O’Neill practica contra el componente pobre de sus comunidades marginadas y maltratadas por su administración.

Busque usted una urbanización de ricachos, de los llamados guaynabitos, y verá el lujo físico, desde luminosos adoquines a servicios extraordinarios de limpieza y ornato.  Pero de la clase media baja hacia abajo, el abandono y el trato es con los pies.  En esa categoría las comunidades de los Filtros y Sabana y Amelia, especialmente Vietnam, una persecución odiosa, para ver cómo las destruye para construir mansiones y proyectos millonarios, que le dejarían enormes riquezas al municipio y los correspondientes provechos de la extorsión al alcalde.

¿Cómo se explica uno que un paupérrimo soldador de autos se haya convertido en enemigo de su antigua clase?  ¿Le habrá hecho daño el acetileno de su antiguo oficio?

Después de siete años de vigencia del status de comunidades especiales de las áreas de Vietman en Sabana y Amelia, ahora el alcalde alega que no lo consultaron.  Claro que lo consultaron, pero una cosa es la consulta y otra es el poder de veto, que no tiene.  ¡Claro, hay jueces para todo, después de Rosselló y Fortuño!  Aquí se confirma el viejo principio sobre las transformaciones morales.  ¡No hay enemigo más acérrimo de los pobres que un pobrete que ha llegado al poder!

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