miércoles, 28 de enero de 2015

Aporía: Una Palabra Griega para una Ceguera Moral Puertorriqueña


Tomando como unidad de pensamiento la historia de Occidente --- de Atenas a Puerto Rico --- los últimos 26 siglos han acuñado dos maneras de pensar:  o se relacionan todas las cosas por analogías, a lo Platón, o se diferencian las cosas en términos de “problemas” que sus diferencias ilustran.  A esto llamaban los pensadores griegos “aporías”.  Porque es más importante el sentido en que las cosas se diferencian que en el sentido en que se parecen.

Vamos por un momento a aplicarle este análisis al asunto que hoy debaten funcionarios públicos y ciudadanos sobre el “affair Alejandro-Crespo”, con Miguel Torres, el Secretario del DTOP como intermediario.

Dos principios saltan a la vista en el tratamiento de esta crisis de gobierno y opinión pública con respecto a la ejecutoria del Secretario de Obras Públicas y el Gobernador en sus relaciones y decisiones con Johnny Crespo y el CESCO de Carolina.

En primer lugar, se trata de la diferencia --- el problema, la aporia --- entre legalidad y moralidad pública.  Si no se reconoce esa diferencia, y se reclama que la transacción es moral porque es legal, entonces el problema cambia, porque entonces ese es el problema.  Porque tratándose de dineros públicos y funcionarios públicos, la legalidad no basta.  La ética o moral públicas toman precedencia sobre el mero rito legalista.

Cuando el Gobernador ignora, no reconoce o menosprecia esas distinciones, entonces tenemos entre manos un problema --- una aporía --- mayor:  el problema de la torpeza moral de quien se supone dirigente político y ético de la comunidad política.

Los servicios que ofrezca el nuevo CESCO pueden ser buenos, la economía del negocio puede ser beneficiosa, pero el proceso, las actitudes y las seudo-explicaciones del negocio han sido éticamente infames.

Ahora el pueblo y el PPD tienen un problema.  ¿Se conforman con que los dos partidos sencillamente se cambian de chaquetones cada cuatro años para hacer lo mismo, o insistirá ese pueblo observador y víctima en algo más decente?  Esa es también la aporía pública del País.  ¿Cómo se asegura ese pueblo el respeto a la diferencia entre la legalidad y la moralidad?

Como dice un amigo de la radio mañanera:  ¡Ya veremos!

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