miércoles, 4 de febrero de 2015

La Política Como Vocación


Con ese título, en 1919, Max Weber, el más insigne científico social alemán de principios del pasado siglo, escrutó las entrañas de la  política, en sus glorias y en sus miserias.  Convocado por sus colegas y estudiantes a compartir su sabiduría, escribió un ensayo que junto a La Política de Aristóteles y El Príncipe de Maquiavelo, constituye el más enjundioso estudio de la política como vocación y los tipos de liderato que la han caracterizado a través de la historia.  Me limito hoy a reproducir literalmente el párrafo final de su estudio, para beneficio de los que puedan relacionar su tesis a la amarga situación que hoy vivimos en Puerto Rico, y a los tipos de liderato político que necesitamos.

Le recuerdo al lector que las palabras de Weber ocurren en el contexto de una Alemania derrotada en 1918, cuando a las puertas del poder se presentaban las fuerzas revanchistas de una derecha vengativa, y un señuelo comunista cuyo liderato se formó dentro de esa angustia de la derrota, pero cuya tesis de salvación era exactamente opuesta a los cantos de sirena del nazismo de Hitler.

Dice Weber en el párrafo final de su doctrina sobre el liderato y la política como vocación:  “La política representa un martilleo lento y fuerte contra paredes duras.  Requiere a la vez pasión y perspectiva.  Ciertamente toda la experiencia histórica confirma esta verdad:  que el hombre nunca hubiera logrado lo posible a menos que una y otra vez hubiese aspirado a lo imposible.  Pero para hacer eso el hombre tiene que ser un líder, y no sólo un líder sino un héroe al mismo tiempo, en un sentido sobrio de la palabra.  Y aún aquellos que no son ni líderes ni héroes tienen que armarse con aquella fortaleza de corazón que pueda resistir incluso el desmoronamiento de todas las esperanzas.  Esto es necesario precisamente ahora (1918), o de lo contrario los hombres no serán capaces de alcanzar ni aún aquello que es posible hoy.  Sólo tiene el verdadero llamado a la política aquel que está seguro que no se derrumbará cuando concluya que desde su punto de vista, el mundo es demasiado estúpido o bajuno para lo que él tiene que ofrecer.  Sólo aquel que de cara a todo eso puede decir “a pesar de todo”, tiene el llamado a la política”.

Yo interpreto esa doctrina Weberiana en términos de tres virtudes:  carácter, pasión, y valor que se muestra en la persistencia.

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