La Fundación
Nacional de Ciencias ha suspendido su endoso y financiamiento a la U.P.R.
debido al “racket” que descubrió en los informes sobre investigaciones. Creyendo que no los estaban velando,
los supuestos investigadores sometieron informes inflados en tiempo y dinero,
aunque poco se sabe de las verdades científicas descubiertas.
En el día
de ayer el Director de los proyectos, por décadas, Manuel Gómez --- enemigo de
cualquier profesor o estudiante que piense con su cabeza --- tuvo que dar
cuentas ante una Comisión Legislativa sobre su mayordomía. Arrogante y prepotente como siempre,
responsabilizó a otros por su fracaso.
Al único que no culpó fue al coquí.
Deben
saber los legisladores, como sabe la comunidad universitaria, que Manuel Gómez
es un embustero, sobre lo cual yo tengo prueba privilegiada, de primera mano,
ocular y auditiva, que paso a relatar.
Temprano
en 1994, siendo yo Secretario de Educación, tuvimos la visita de un alto funcionario
de la National Science Foundation, y el gobernador de entonces, Pedro Rosselló,
celebró una reunión en Fortaleza, e invitó a este servidor para informar sobre
el programa de ciencias y matemáticas de mi Departamento. Invitó también al señor Gómez, que
desde entonces dirigía las investigaciones que financiaba el NSF en la
Universidad. Allí, con la cara de
lechuga fresca después del sereno de la noche, el señor Gómez le dijo al
americano que él dirigía la reforma de la enseñanza de la ciencia en mis
escuelas públicas. Lo corregí en términos
firmes y fuertes, porque no podía concebir que tuviera el cuajo necesario para
aquel embuste. El gobernador
Rosselló respaldó mi aclaración, y el hombre ni se inmutó.
Ese es
el tipo de persona que ha estado inflando su ego, y sus ingresos, a costa del
trabajo de otros, hasta que finalmente ha caído en la nasa de la verdad,
chantajeando a las administraciones universitarias con su supuesta
indispensabilidad como agente de la NSF, que le ha retirado 33 millones a la
U.P.R. como resultado de la ventosidad seudo-académica de Gómez. Ahora culpa a todo el mundo, menos a sí
mismo.
Como decía
José Luis González en su famoso cuento:
“En el fondo del caño hay un negrito”. Se llama Manuel Gómez, que se ve a sí mismo reflejado en su
fracaso, a niveles de fraude.