miércoles, 4 de junio de 2014

AGP: Dos Principios y una Agenda Inconclusa


En toda la presentación política de Alejandro García Padilla desde 2011, campaña y gobernación, afirmó hasta el cansancio, como promesa política a “la gente”, dos principios rectores de su ética política:  el primero afirmaba que ante la abismática crisis económica y fiscal del País “la soga no podía partir siempre por lo más finito”, mientras el segundo, ya desde las entrañas mismas de la crisis fiscal, prometía un enfoque de solidaridad que exigía que “todos tenemos que contribuir a la solución, y no sólo los menos pudientes”.  Eso es historia.  Si es de la buena o de la mala todavía no sabemos.

Esos dos principios exigen, perentoriamente una agenda que los instrumente.  El Gobernador ciertamente se ha enfrentado con honestidad y buena voluntad a la crisis, hasta el punto de declararla emergencia de sustentabilidad, que requiere sacrificios extraordinarios de todos los componentes de la sociedad.  Pero el ámbito de esa agenda se ha quedado corto.  Faltan cinco ingredientes sustantivos que contribuirían significativamente al reequilibrio del fisco, al corto y largo plazo.

En primer lugar, la corrección del escándalo moral de las escoltas y oficinas y dinero para las fundaciones de cuatro señoritos narcisistas que piensan que el País les debe la opulencia privada por unos servicios públicos mediocres rendidos desde la gobernación. 

Esa servidumbre digna de emires árabes --- sin precedentes en el mundo democrático y civilizado --- es un insulto cotidiano a los servidores públicos verdaderos, de tan escasos medios, en los empleos o fuera de ellos, mientras  esos cuatro depredadores del raquítico tesoro público se miran sus ombligos y los encuentran maravillosos.  Son en realidad roedores del Bien Común, insaciables depredadores del escaso haber del pueblo.  Son, a decir de los sabios del campo en que me crié, unos afrentaos, unos frescos.

Que Alejandro García Padilla y la Legislatura protejan a estos chupópteros, es traicionar la agenda convenida con el pueblo.

De igual naturaleza es la pleitesía supina a las iglesias y sus empresas:  sin ningún fin público demostrable en el regalo de dineros públicos, contra la letra de nuestra Constitución.  Es cobardía moral o tajureo politiquero.

En tercer lugar, sostener a precio de decenas de millones una entelequia inerte e inservible como el Ombudsman, cuya práctica ha desacreditado la idea original que la inspiró, es botar dinero y negarse a aprender por la experiencia.

En cuarto lugar, los subsidios a los municipios para financiar --- con la tarifa de la luz que pagamos todos --- las empresas lucrativas de los municipios, los hoteles y otros hermanos del muerto, sin orden, disciplina o responsabilidad.

Finalmente, por hoy, el escándalo de la Comisión Estatal de Elecciones, el más costoso batatal de vagos y vividores que en unas cosas y otras --- tres ejércitos de cadres políticos sin función --- se chupan más de cien millones de dólares.  Pero en vez de enfrentarse a ese escándalo, se pretende expropiar a COSSEC de sus haberes, con tanto trabajo producidos.

O los principios que expliqué al principio son puros aguajes, o no hay agenda rectificadora de los cinco escándalos que señalo.

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