lunes, 25 de agosto de 2014

Gloria y Miseria de Nuestra Clase Política


Para ir al grano de inmediato, quiero proveer unas coordenadas de tiempo para colocar en ellas  los componentes de nuestra clase política de 1938 a 2014.  Los primeros 30 años de ese largo trecho, de 1938 a 1968 disfrutamos y aprendimos de una generación excepcional lo que es el patriotismo, el servicio público, la honradez y la sobriedad espartanas totalmente dedicadas al rescate de los más necesitados, por ello la justicia social y la administración pública depurada:  sistema de méritos para entrar al gobierno y evaluación científica continua para quedarse, ascender, ganar la permanencia o el despido.  Fui afortunado en poder servir desde el Senado antes de cerrarse aquel ciclo de excelencia. Todo eso está sometido hoy a un criterio partidista, en que los años de respiración predominan sobre la competencia y la productividad como criterios.

Eso en la administración pública, porque al nivel político electoral o de las tres Ramas de Gobierno y sus clientelas, el deterioro apesta.  Esos son los años de la segunda pilada en mi cronología, de 1969 a 2014.  La inició un multimillonario, Luis A. Ferré --- que ya tenía su capital hecho en la industria privada.  Lo que hizo desde el poder, discretamente a través de su hermano Joe y su hijo Luis fue aumentarlo.  De alguna manera, sin embargo, dejó en la gobernación la marca del zorro, que Rafael Hernández Colón, Carlos Romero, Pedro Rosselló y Luis Fortuño se encargaron de apretar contra sus pechos.  Fueron al poder gubernamental a hacerse millonarios o aumentar los millones que ya tenían.  Con la excepción de Aníbal Acevedo Vilá --- y hasta ayer Sila María Calderón --- la venta del bien público al bien privado ha sido la norma, la deslealtad moral ante el honor que el pueblo de buena fe les confirió un día.  Viví esa segunda pilada en 1993 y 1994 como Secretario de Educación y pude asomarme al pozo muro de Pedro Rosselló.

De atenienses --- Muñoz, Sánchez Vilella --- pasaron a fenicios nuestros falsos líderes de 1969 a 2014.

Escoltas, cabilderos, venta de influencias en los negocios y en las cortes, el estrujamiento en la cara de un pueblo pobre y angustiado de su señoritismo oligárquico, esa es la podredumbre de nuestra clase política.  No se han enterado de nada de la nobleza que obliga --- de los paradigmas de un Franklin Delano Roosevelt, John, Robert y Ted Kennedy, que al revés de los nuestros pusieron su riqueza al servicio del pueblo, o de Harry Truman y Jimmy Carter --- de la vida modesta, al poder, y de vuelta a la vida modesta, sana y honesta, como nuestros Muñoz y Sánchez Vilella.

Que esa podredumbre moral tenga todavía peso en los concilios del PPD, como tambien  lo tiene Fortuño el esperpéntico Romero en el PNP, es preocupante.  Que Sila María Calderón haya sucumbido a esa tentación numismática, sin necesitarlo, es deprimente.

¿Qué hará un país ante esa abominable ejemplaridad de cinco de sus seis gobernadores en el raquet de la influencias económicas, cuando lo que necesita es el consejo de la experiencia que un día les hizo posible?

¡Así paga el diablo! 

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