domingo, 11 de agosto de 2013

La Vacante de la Cámara: Una Oportunidad Perdida


El PPD tiene problemas en todas las dimensiones en que el pueblo queda afectado por una administración de gobierno.  La Policía y la Judicatura, entre muchas otras agencias gubernamentales, andan sin rumbo, dirección o ejecutoria que abone a la esperanza y a la conformidad del pueblo.  En la calle y donde el pueblo se reúne y se expresa en sus andanzas cotidianas, la expresión y la vocalización es de desencanto.  Uno supondría, por tanto, que un gobierno sintonizado con el pueblo aprovecharía la necesidad de llenar la vacante de la Cámara para cargar la batería anímica de ese pueblo decepcionado.  Pero no, todo lo contrario.  Se opta por profundizar la crisis de tan temprano descreimiento.

Una banca por acumulación representa, si uno no anda aislado del latir moral y emocional del pueblo, la oportunidad perfecta para restablecer una relación de confianza y sinceración con ese pueblo tan maltratado y estrujado en su esperanza de ayer y en su desilusión de hoy.  Por tocar a un número considerable de precintos electorales, una primaria convocaría la atención de todo el País, pero la maquinaria ciega del PPD ha optado por el mecanismo de señalamiento de dedo, marcando con él a una candidata y dejando --- tendidos a secar --- a los demás candidatos.  La maquinaria colocó en la papeleta segunda a la “nombrada” por el gobernador, y al mejor de los candidatos, al mejor preparado, Manuel Natal, último.  No hay pudor.  Así son las maquinarias.  No me queda duda que el telefonazo llegó a Comerío e Isabela, porque ese señalamiento de dedo tiene problemas en el criterio limpio y sincero de cada día más miembros del Consejo del PPD, que resisten la arbitrariedad y superficialidad de su Presidente.

Hace cien años el sociólogo político alemán Roberto Michels escribió un clásico sobre los partidos políticos, vigente hoy como en el año que se publicó.  Decía Michels que “los partidos políticos nacen al amparo de ideales gloriosos, combaten por esos ideales denodadamente, y se organizan para ello.  Esa organización --- esa maquinaria --- en aras de sus intereses de perpetuación de sus líderes, entregan y mancillan los ideales que un día les dieron vida.  Perecen, y nacen otros, que libran luchas gloriosas, y terminan en lo mismo.  Porque esa es la ley de hierro de las oligarquías”.  El fenómeno no es nuevo, pero nos duele más porque lo estamos viviendo en carne propia y no meramente en la escolaridad de los libros. 

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