lunes, 19 de agosto de 2013

¡Mucho Cuidado con lo que se le Pide a los Dioses!


Mi título de hoy proviene de un proverbio de la sabiduría oriental japonesa.  Su significado práctico se refiere a la capacidad humana de administrar y controlar los deseos colmados por la realidad.  Porque aunque siempre se desea que el resultado de esos deseos sea la dicha, muchas veces resulta lo contrario.

Traigo a colación ese filosofema porque me parece que esta semana el Partido Popular se ha embarcado --- en el doble sentido de la palabra --- en una aventura política de consecuencias impredecibles, cuando no fatales a su ideario de justicia social y autonomía política.

La transacción realizada por el alto liderato del PPD con los “jóvenes turcos” de la soberanía muy bien pudiera resultar peligrosa para el enfoque problemático, programático, incrementalista de la línea general del partido de 1938 al 2012.  Eso es así porque en política, como en boxeo, hay por lo menos dos sobre las tablas.  Lo que Luis Muñoz Marín nunca permitió como definición de su partido,--- la independencia política de Puerto Rico ahora bajo el nombre altisonante de soberanía --- acaba de hacer su entrada al programa político del PPD por la calle del medio.  Ha cobrado legitimidad política en el partido de la justicia social, el desarrollo económico y el servicio público honesto.  Eso fue intentado muchas veces en la historia del PPD y fue tajantemente rechazado por Muñoz y la casi totalidad del partido.  Pero la debilidad e ineptitud de la gerencia actual del PPD --- que no puede llamarse liderato --- ha provocado esa legitimación de la independencia, con su traje nuevo y brilloso de la soberanía.

Por eso los próximos tres años viviremos enjocicados en el status, la soberanía, la independencia nueva, y la vieja de Rubén Berríos y Fernando Martín:  “Much Ado About Nothing”, como dijo el bardo.

Debajo de ese nuevo andamiaje retórico, ideológico, de ideales absolutos --- de quimeras, como decía Muñoz --- estarán esperando, con una canasta grande, los sarracenos del capital y del miedo, servidos a la carta.  Los buenos autonomistas de ayer serán víctimas --- en esa gloriosa Asamblea Constitucional de Status --- del lenguaje político-ideológico fascinante de la soberanía.  Morirán como el pez, por la boca.

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