jueves, 9 de enero de 2014

Funcionarios Responsables y Toreros Espontáneos


Desde el inicio de esta administración de gobierno he sido crítico de su estilo, de sus actitudes triunfalistas, en ausencia de una sinceración con el pueblo sobre el verdadero estado de situación del País --- a nivel de gobierno, economía y cuadro fiscal --- como punto de partida de la nueva administración.  Se trata de una cuestión de estilo gubernativo, que no es poca cosa, porque --- como dicen los franceses --- “el estilo es el hombre”.

Mas allá del estilo, sin embargo, apurando la substancia de lo que se decide como materia económica, social y administrativa, tengo que afirmar, frente al hábito de denostarlo todo, que esta administración de Alejandro García Padilla y sus Cámaras Legislativas, es una administración honesta, centrada en el servicio al pueblo y el rescate de la decencia y eficiencia gubernamental como única razón de ser del gobierno democrático, sobre el trasfondo de la administración más corrupta, mendaz y chapucera en nuestra historia, desde los tiempos del gobernador Gore durante el primer tercio del siglo 20.

El gobernador se enfrenta, con sinceridad y entusiasmo, a la crisis económica y fiscal más virulenta de los últimos tres cuartos de siglo, producto de las irresponsabilidades acumuladas desde las administraciones de Rafael Hernández Colón, hasta la venalidad de Luis Fortuño.  Y no puede enfrentarse a esa crisis con la complacencia de sus predecesores.  Los tiempos de dar se acabaron.  Estamos en los tiempos de limitar, recortar, reducir, quitar.  Lo importante es hacerlo equitativamente, responsablemente, con un sentido de justicia.

El enfrentamiento del Gobernador y la Legislatura con esos nuevos retos, incómodos, antipáticos, ha revestido responsabilidad, franqueza, y confianza en la inteligencia, por lo menos el sentido común del pueblo.  Porque nadie puede o debe suponer que el Gobernador abraza las limitaciones del torniquete fiscal con alegría sadista para reducir los ingresos del pueblo o exigir contribuciones mayores al pote común del Estado para atender las necesidades --- proporcional y equitativamente --- de la multiplicidad de clientes humanos del Estado.

El caso del seguro de los maestros al momento de su retiro dramatiza la angustia que produce e impone la escasez.  No es por gusto, sino por necesidad perentoria que se ajustan las pensiones de los maestros a la hora del retiro.  Porque el fondo de retiro de los maestros, que ellos mismos administraron y consumieron, o se reforma como se ha hecho o desaparece.  La pretensión del pequeño grupo de líderes magisteriales de que todos paguemos por sus irresponsabilidades no tolera análisis moral.  Porque a la luz de lo que reciben a la hora del retiro la inmensa mayoría de los trabajadores del País, el nuevo retiro de los maestros es razonable.  La alternativa es la nada.  El Gobernador y la Legislatura les han salvado el retiro, que ellos mismos habían dilapidado.

Eso es lo responsable, a la luz de los otros múltiples compromisos del Estado.  Dejado el asunto a los maestros mismos, el balance sería la nada, cero, al cabo de dos o tres años.

Es lamentable que elementos de la comunidad que tienen sus propios problemas, el Arzobispo Roberto González Torres y la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, hayan optado --- en medio de esta crisis fiscal real --- jugar el papel de toreros espontáneos, que saltan al ruedo sin ser parte del toreo.  El record del primero con las escuelas y los maestros de su imperio eclesiástico no luce relevante en esta situación.  La intervención de la alcaldesa tiene ribetes de motivación política personal que no le luce bien, o responsable ante su partido, su gobierno, y los observadores libres de la comunidad.  “The unkindest cut of all”, como dijo César de Brutus en los pasillos del Senado de Roma el día de su traicionero asesinato.

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