martes, 22 de octubre de 2013

El Juez Domínguez y la Leche del Nene


El Juez Federal Daniel Domínguez es una persona sencilla, afable y simpática, pero padece de un mal aparentemente incurable en la fraternidad de que forma parte:  la federalitis, que lo ciega para todo reclamo de derecho del gobierno y los ciudadanos de Puerto Rico cuando es un gobierno popular quien lo reclama.  En ello forma una trilogía fatídica con los jueces Pérez Jiménez y Fusté. 

Menos mal que existe el Primer Circuito de Apelaciones de Boston, desde donde en forma masoquista les complace ser revocados con demasiada frecuencia por el americano.

El caso resuelto esta semana por Domínguez --- descontando la incompetencia y chapucerías de ORIL, la agencia reguladora de la industria lechera --- demuestra una total insensibilidad para el consumidor puertorriqueño, que atraviesa por una crisis económica sin precedentes desde los años treinta del pasado siglo.  Porque la prudencia debió dictarle al juez que el derecho, técnica y abstractamente aplicado, no existe en el vacío.  Que al otro lado de su calle Chardón existe una humanidad doliente y una crisis manifiesta en la industria lechera, que demandan sentido común y sabiduría en la determinación de las cortes.

Esa justicia absoluta e intuitiva, que debe ser valor primario en un juez, repudia las decisiones mecánicas del derecho, especialmente cuando los demandantes representan emporios millonarios de empresarios de aquí y de afuera: una multinacional peruana y un magnate puertorriqueño, de apellido Jaime Fonalledas, de Suiza Dairy y Tres Monjitas.

Estos emporios reclaman unos daños cumulativos mediante cálculos de papel, pero siguen operando y ganando dinero, por lo que los daños sufridos consisten en el alegato de que debieron ganar más, aunque los comedores escolares de las escuelas y los párvulos de la familia pobre se queden sin leche porque Perú y Fonalledas necesitan más ganancias millonarias.

¡Qué clase de puertorriqueños nos gastamos en el Tribunal Federal de Hato Rey!

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