lunes, 14 de octubre de 2013

La Vieja Guardia…y la Nueva, en el PPD


Cuando se habla en política de vieja guardia, el término carga un dejo despectivo.  Por lo de vieja, es decir, caduca, conservadora, señorial.  Así se analizaba y discutía este concepto en Puerto Rico para allá para 1963, un año antes que la nueva generación política en el PPD hiciera su aparición para 1964, y en la que formábamos grupo Luis Camacho, Severo Colberg, Carlos Lastra, Genaro Baquero y este servidor, entre muchos otros.  La experiencia real dentro del partido y la Legislatura probó otra cosa, porque lo que conocimos desde adentro fue una generación abnegada, devotos del País y del servicio público, y económicamente desinteresados, hasta el punto de dejar muchos de ellos su fortuna y sus profesiones en la palestra de la justicia social, del autonomismo, y de un servicio público eficiente y honesto.

Claro, en el grupo generacional nuevo --- por razones puramente cronológicas --- se colaron algunos, en la nueva pilada, que resultaron más viejos que el viento en sus motivaciones de lucro.  El caso más notorio de ese fenómeno lo constituyó y lo constituye aún Rafael Hernández Colón, cuya voracidad numismática no tiene límites y no se limita a sí mismo, sino que ha inspirado conductas parejas en muchos que lo rodearon, que él elevó al poder en el PPD --- como abogado del partido (Antonio Andreu García) o como director de campaña primero (1980 – Federico Hernández Denton), quien más tarde, con las mismas palas, llega al Tribunal Supremo, como juez asociado primero y luego como juez presidente.

Esa era una de las alas de la nueva generación --- la nueva guardia --- a partir de 1964.  Al cabo de casi medio siglo aquella banda de la nueva guardia resulta hoy matuselánica en valores y actitudes.

Se trata en verdad de una nueva clase, en el mismo sentido en que Milovan Djilas usó el concepto hacia los años cincuenta del pasado siglo para denunciar la transformación de los comunistas come-fuego de Tito en Yugoslavia en depredadores del bien común y de la propiedad supuestamente colectiva.  

Frente a un pueblo empobrecido, en penuria material y moral, los que debieran ser modelos de prudencia y frugalidad exhiben rasgos de señoritos árabes intocables en los privilegios que se han asignado a sí mismos con la cuchara grande, a nombre de la independencia judicial.

Luis Muñoz Marín, Roberto Sánchez Vilella, Antonio Fernos Isern, que tanto les gusta citar, vivieron en vano para estos patriotas de pacotilla:  Rafael Hernández Colón, Federico Hernández Denton y Antonio Andreu García, malos ejemplos para las nuevas generaciones.

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