domingo, 6 de abril de 2014

El Coronel Caldero: Tan Cerca que no se Veía


¿Cómo es posible que Luis Fortuño primero y Alejandro García Padilla después no vieron la figura conspicua y prominente del Coronel Caldero, mientras pululaban por el FBI por Florida y Nueva York buscando un Superintendente para la Policía de Puerto Rico, cuando a diario sus narices chocaban con él?

La respuesta es evidente: la postración colonial.  Todo lo que venga de allá tiene que ser mejor.  En vano hemos desarrollado en Puerto Rico una clase media profesional y técnica, pues a la hora de las designaciones el americano sabe más, es mejor, cuesta más en sueldos y condiciones especiales, mientras los puertorriqueños capacitados, sin complejos de procónsules --- a lo Luis Fraticelli, Figueroa Sancha, Carlos Pesquera y Carlos Cases --- tienen que esperar a que los americuchos, de aquí y de afuera, agoten la paciencia del País por su incompetencia profesional y avaricia económica.

Para Alejandro y para Puerto Rico, a las tres va la vencida: tenemos un Superintendente de la policía autóctono, competente, apreciado por la Fuerza, modesto en la plena conciencia de su valor, aunque hasta ayer invisible.

Hay que cortar de una vez por todas la dependencia umbilical del arrogante y delincuente FBI para servir a la paz y el orden puertorriqueño, porque muchas veces han sido los protagonistas del crimen --- Maravilla, Filiberto Ojeda --- y los incitadores para que otros lo cometan.

¿Se habrá aprendido algo de este patético episodio?

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