lunes, 21 de abril de 2014

Policía, Seguridad y Sociedad


Estamos --- pueblo y Legislatura --- evaluando los méritos del Coronel Caldero para dirigir la Policía en carácter de Superintendente.  Después de las pesadillas de Figueroa Sancha y Carlos Pesquera, en esta Administración, el nombramiento de Caldero ha inducido en el pueblo un sentido de esperanza y tranquilidad.  El Senado de Puerto Rico está en estos momentos calibrando su record, sus actitudes, sus valores.  A estas alturas, reconozco que tiene grandes posibilidades de confirmación.  Es conocido por, y conoce a su Policía, y si hay alguien que conoce sus problemas, ese es Caldero.

Quiero dedicar este espacio hoy a una consideración sociológica con respecto a las exigencias y demandas que hacemos --- gobierno y pueblo --- al Superintendente de la Policía, sea quien sea, para que nos asegure la seguridad:  en nuestras familias, vecindarios, carreteras, sitios de diversión, por donde quiera que andamos en estos caminos de la vida ordinaria.  Es una expectativa, esperanza y demanda quimérica: la Policía no es un agente moral e intelectual de la conducta de los seres humanos en esos diversos contornos.  La Policía puede ejercer una presencia, y presión, externas, en sus plantones, sus patrullas, en su atención al ciudadano cuando solicita su ayuda o es intervenido por el o la policía.  Pero la causalidad verdadera del crimen es situacional, motivacional, valorativa, desde el carácter de cada ciudadano.

El o la agente policíaco no está presente cuando el delincuente o criminal comete el delito.  De hecho, lo evaden, lo burlan, lo manipulan hasta asegurarse de su ausencia al momento de delinquir.  La “mens rea”, la mente perversa inclinada al delito, va por dentro.  Viene de su educación, personal, social y escolar --- a partir de la familia y de las relaciones humanas elementales.

Resumo todo lo anterior, que por necesidad es una síntesis apretada, de la siguiente manera: la seguridad humana y social no nos llegará nunca de ninguna Policía o Superintendencia, de Caldero ni de nadie equivalente.  Vendrá de una Reforma Educativa fundamental que comienza en los primeros años en la familia y continua a través de los primeros años escolares.

La seguridad proviene muy parcialmente de la Policía. Viene de la persona, y esta viene de la sociedad y la familia.  No de los Superintendentes que desfilan, unos años apenas cada uno quemando sillas, teléfonos y calles, excepto en una muy modesta dimensión.  Así que adelante, Coronel Caldero, hacia lo poco que podrá lograr.  Porque si alguien tiene la experiencia, el conocimiento y la motivación para hacer lo poco que puede hacer en la Policía por una sociedad desconcertada, es usted. 

La otra función fundamental a la que por fuerza tiene que ir dirigido su liderato y su autoridad es la de la Reforma de la Policía:  de su corrupción, de sus malos hábitos de relaciones humanas y de sus entrenamientos irregulares y salteados.  En ese sentido, tiene que convertirse en su propio “monitor”, irrespectivo de lo que piensen los federales.

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