domingo, 20 de mayo de 2012

!Cuando los Gobernadores Pierden la Vergüenza!

Normalmente los gobiernos pierden la vergüenza poco a poco, degeneran, resbalan en la corrupción y en el abuso del poder paulatinamente, imperceptiblemente.  Y entonces llega un momento en que se descaran.  Eso ocurrió en Puerto Rico con Pedro Rosselló de 1993 al 2000.  Al principio de aquel proceso, de enero de 1993 a mediados del 1994, el proceso de prostitución pública fue casi imperceptible, pero estuvo en camino, solapadamente, especialmente con relación a los fondos del SIDA, con las subastas y tumbes de los grandes proyectos, y eventualmente una vez Rosselló “se metió a la vida” --- en lo que ahora el llama, complacido, “a mi manera”, la explosión de la corruptela se hizo indetenible, ejemplarizada por el “poster boy” de los ladrones, Víctor Fajardo.  A él le siguieron 40 más, en la corruptela y en las cárceles.  El último robo lo realizó Rosselló mismo, en persona, con documentos fatulos para una pensión a la que no tenía derecho.

Aquella corrupción se llevó de frente a más de media docena de jueces, de todos los niveles, en el comienzo de un proceso de destrucción institucional que hoy Fortuño perfecciona con un cinismo sin precedentes en la historia de Puerto Rico.

El ataque de la corruptela fortuñista ha sido dirigida, además de a las personas y a los dineros públicos, a las instituciones que por tres cuartas partes de un siglo ---1941 al 2009 --- fueron estabilizando y consolidando la acción gubernamental y social por vías racionales, estables, predecibles, como garantía para los ciudadanos de todos los sectores políticos de que sus derechos y sus reclamos se atenderían con racionalidad, objetividad, como integrantes que son del bien común que legitima la existencia del estado.

En ese proceso doble de corrupción gubernatorial, porque el gobernador es el líder de la corrupción, existe una diferencia entre Rosselló y Fortuño.  Rosselló cayó en la corrupción al año y medio de su incumbencia.  Fortuño, por el otro lado, comenzó el proceso de corrupción desde el 2 de enero del 2009.  La Ley 7, el despido de más de 20 mil empleados públicos, el estrangulamiento económico de la Universidad --- doce mil estudiantes perdidos desde entonces --- la barrida de toda diferencia de criterio en el Supremo, en la Asociación de Empleados del ELA, en las Comunidades Especiales, en el Fideicomiso del Caño, en el Colegio de Abogados --- es decir, en todo el tejido institucional que conforma una sociedad civilizada.

Este pichoncito de dictador, que tira la piedra y esconde la mano, porque no se atreve a enfrentarse a la camarilla fascista de su partido, tolera el fraude primarista, tolera a los pilletes que desde las Secretarias de Gobierno se roban el agua, la luz, y los derechos del pueblo, sólo tiene un valor en la vida que  comparte jubiloso con la “notaria de luxe” de los bancos con que el gobierno tiene negocios y extiende favores: el dinero personal y familiar. 

Ayer, 18 de mayo del 2012, este gobierno corrupto de Luis Fortuño, rompió todos los récords de putrefacción pública y moral.  DACO, esa entelequia inerte y politiquera, con un Secretario mequetrefe, acaba de certificar la peste bubónica que es el “fortuñato”.

DACO ha anulado el veredicto democrático de los consumidores al elegir a dos distinguidos profesionales para velar por sus intereses en esa cueva de ladrones en que han convertido la AEE.  ¿Con qué autoridad?  Primero la AEE trató de impugnarlos como candidatos. Y no pudieron.  Luego trató de robarles la elección.  Y no pudieron.  Ahora se valen del Secretario de DACO para diz que determinar su “idoneidad”.  Aquí la única idoneidad que hay que examinar es la del Secretario del DACO, un perfecto imbécil, útil para todas las porquerías políticas que le ordenan.

De lo que se trata aquí es que la AEE necesita tiempo para tapar la porquería, como el gato… y esa porquería consiste en los contratos millonarios que a toda prisa está extendiendo a sus clientes igualmente corruptos antes de ser excusado en noviembre.              

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