lunes, 28 de mayo de 2012

Las Cinco Deslealtades de Luis Fortuño

¡Palabra de hombre!  Eso dijo Luis Fortuño ante la demanda de la mujer puertorriqueña por derechos iguales y por protección frente al machismo enfermizo de poderosos lideres de su propio partido.  Ese lugar común hace del derecho de la mujer una concesión del hombre, condescendientemente.

¡Palabra de político! Digo yo --- que debiera ser valor absoluto, principal tesoro de quien quiera que el pueblo le crea, contra toda evidencia de engaño, falsedad y embaucamiento.

Quien es desleal en la palabra será desleal en la acción, y a la vista está:  “Sólo despediré a Aníbal Acevedo Vilá” afirmó grandilocuentemente en la campaña del 2008.  Luego despidió cruel e insensiblemente a no menos de 30 mil padres y madres de familia.  Ni él mismo sabe cuántos fueron, ni le importa.  Él y doña Lucé Vela están bien, y sus amigotes mejor, y los cadres del PNP no se diga.  Se han repartido, entre los tres grupos, el tesoro extraído al pueblo y los 7 mil millones de los fondos ARRA del gobierno federal.

La segunda gran deslealtad es al sistema democrático constitucional que había guiado y desarrollado el moderno Puerto Rico, hasta Pedro Rosselló y su discípulo aprovechado, Luis Fortuño.  Las instituciones --- judiciales, profesionales, cívicas y semi-públicas --- son las formas estables, en continuidad y en objetividad mediante las cuales el pueblo evita sufrir los efectos crudos, burdos, cínicos, del partidismo a la Luis Fortuño.  Las ha destruido todas, a manos suyas y de sus politicastros legislativos.  Esa es una traición de efectos duraderos.  Aún revocando todas las leyes fascistas de Fortuño, tomará décadas recuperar el balance institucional que servía a todos los ciudadanos sin acepción de partidos.

La tercera deslealtad ha girado directamente contra el proceso democrático mismo.  El Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha dicho que el proceso de primarias es parte sustantiva del proceso electoral.  El fraude en uno es fraude en el otro.  La conducta permisiva, ajorando la prisa para que la Comisión Estatal de Elecciones ignore o tape el fraude masivo dirigido por el alcalde O’Neill de Guaynabo, demuestra su cobardía --- ¿palabra de hombre? --- ante la acción más sagrada del credo democrático.  ¡Pura deslealtad!

La cuarta deslealtad de Luis Fortuño consiste en su prostitución del principio de la justicia, justicia humana para con todos, pero especialmente para los más débiles y vulnerables.  Ni por el vecindario de las orejas le pasa el concepto de la justicia social.  ¡Esas son vainas de los populares y los independentistas!, parece pensar.

Finalmente, la deslealtad mayor, la más directa:  lucrarse él y su señora de las acciones y decisiones suyas en el área económica y bancaria.  El hace aprobar leyes, sobre préstamos y concesiones, a los bancos, emite bonos que los bancos corretean y al otro lado está doña Lucé lucrándose de la cosecha notarial que esos corretajes y legislación especial para los bancos generaron.  Esa deslealtad consiste entonces en negarle al País los servicios honestos que su compromiso electoral y su responsabilidad moral suponen. 

El conjunto de esas cinco deslealtades han destruido la fe pública en la democracia y en el gobierno.  Se trata de una crisis sin precedentes en Puerto Rico.      

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