miércoles, 23 de mayo de 2012

Fortuño y su "Transparencia"

Una de las palabritas obligadas en las elocuciones de Luis Fortuño al País, antes y después de las elecciones del 2008, fue la de “una administración transparente”.  Eso quiere decir que cada vez que habla, promete o engaña, se puede ver a través del farsante: de un lado a otro, porque no hay nada en el medio --- en su persona --- que interrumpa la visión.

Las docenas de promesas falsas, mendaces, que hizo antes de las elecciones, y los embustes subsiguientes después, producen, al retratar su transparencia, una lámina en blanco: no hay en su persona substancia, contenido, materia sobre la que se pueda discurrir.  Es una estampilla iluminada, de esas que regalan en el catecismo católico.  En otras palabras, el hombre es un fraude, un uniforme vacío, que le tiene miedo a todo y a todos, mientras tiembla como conejo asustado frente a los movimientos del ambiente que le rodea --- siempre hostil a su inanición.

Ninguna situación lo ha pintado mejor, de cuerpo entero, como el robo de la elección de los dos representantes de los abonados de la AEE, a manos del mequetrefe de DACO, Rivera Marin.  Esa orden de detente, en lo que los pilletes de la AEE tapan su porquería y entregan los cientos de millones a sus cuates --- a los de Fortuño y a los suyos propios --- no puede haberse originado en otro sitio que no fuera la Fortaleza de Luis Fortuño, a través de la “gata persa” de Marcos Rodríguez Pujada.  Rivera Marín no los tiene como para asumir el esa monstruosidad ética y administrativa.  El pobre diablo, mandadero dócil de los de más arriba, es un caso dramático adicional de la “transparencia” de Fortuño, a través de quien se ve todo, de un lado a otro, mientras balbucea mentiras. 

El robo y la prostitución de la democracia en DACO es sólo comparable con la prostitución y el robo de la democracia en las primarias PNP de Guaynabo.  Un alcalde caudillista, corrupto, a quien se le ha ido el acetileno  del poder al cerebro, prostituye a su policía y a otros los empleados municipales, y a Fortuño  se le pierde la lengua y la transparencia, y lo único que se le ocurre es culpar al Juez Conty --- que le ha dado lecciones de integridad --- por la dilación en las certificaciones, en vez de culpar a su líder corrupto de Guaynabo por intentar robarse un escaño legislativo.  ¿Cobardía? ¿Cinismo? ¿Transparencia vacua?

Estos cinco meses y medio que faltan para el día del juicio a este fraude, a este pastel ciego, son quizás los más peligrosos en siglo y pico:  la pandilla de depredadores que dirige Fortuño --- transparentemente --- intentarán robarse lo que queda del tesoro público.  ¿Por qué? Porque pueden; porque ganaron las elecciones del 2008, y el triunfo da derecho a ser canalla.

Al otro lado de la transparencia hueca de Luis Fortuño, ¿hay pueblo?... Le dejo la pregunta a ese pueblo. 

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