domingo, 16 de diciembre de 2012

La Administración de Alejandro: ¿La Calma antes de la Tormenta? ¿Cuál Tormenta?


No existe duda alguna que el pueblo de Puerto Rico se siente aliviado, y puede respirar hondo, después de la pesadilla de Luis Fortuño, el pirata vestido de monjita de la caridad para robarle a este pueblo, él y sus saqueadores del tesoro público, su fe ingenua en promesas de campaña.

El hombre salió perverso, con una obsesión enfermiza por el dinero --- el del pueblo --- y la mentira.  Todavía sigue mintiendo por ahí, cada vez que abre la boca.  Menos mal que sólo le quedan dos semanas de vandalismo ejecutivo, con el que pretende tenderle un cerco legal, político y moral a la nueva administración para llevarla a la impotencia, como hizo el borrachito José Aponte como Presidente de la Cámara contra Aníbal Acevedo Vilá del 2005 al 2009.

Fortuño es pasado, olvidable como gobernador, aunque inolvidable como espécimen de traición al pueblo y a sus instituciones de gobierno civil, civilizado, que es lo que significa el vocablo.

Lo que ha hecho este farsante después de perder las elecciones no tiene precedentes en la historia de Puerto Rico desde Ponce de León hacia acá.  Porque gobiernos anteriores sí nombraron personas después de las elecciones que perdieron.  Pero fueron muy pocas, y en todo caso de méritos profesionales reconocidos.  No nombraron basura, delincuentes, politiqueros y politiqueras vulgares, despreciados por sus pares en sus oficios, sino a personas que contaban con el endoso institucional de sus colegas profesionales.  No hay palabras para caracterizar las porquerías que con sumo gusto --- como gato  que se ha comido tres lagartijos --- ha cometido Luis Fortuño después del 6 de noviembre, y a la luz de su rechazo por el pueblo.  Las ratas de cloaca tienen mejores escrúpulos.

Ahora bien, si todo eso es odioso, si está mal, y así lo afirma el Partido Popular Democrático, es de suponer que acometerá correcciones reparadoras de todo ese vandalismo.  Algunas de esas reparaciones tienen que ser judiciales, otras administrativas, otras en términos de enjuiciamiento moral que tenga efectos educativos en la opinión pública.  Lo contrario sería suponer que el pueblo, ganando donde podía ganar, en las casetas de votación, pierde siempre cuanto los políticos que elige le salen cobardes, jojotos, oportunistas, y por eso también traidores.  No puedo creerlo.  Tenemos que esperar que se complete el cuadro gubernativo y podamos juzgar decisiones y no meramente expectativas.

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