miércoles, 12 de diciembre de 2012

¿Se Atreverá o no se Atreverá el PPD a Hacer lo que Hay Que Hacer?


El título de hoy contiene dos planteos.  Uno, el valor, el coraje moral y político como deber, como obligación ética de las personas elegidas por el pueblo, y la otra, la obligación política contraída con ese pueblo --- con la gente que no puede actuar directamente, pero que delega con su voto para que sus líderes actúen en su nombre.

Junto al crédito histórico bien ganado como un partido de servicio público eficiente y honesto, el PPD se ha ganado también una imagen de timorato, pusilánime, frente a los retos morales obvios, ajorando la prudencia hasta el punto de la parálisis.  Por eso lo que hay que hacer tiene que ser creativo, transformador, y también correctivo, reparador, implacable con los ladrones que se han repartido el patrimonio público que quedaba del “banquete total”.  Tratar de crear, innovar, sobre las protuberantes cenizas del fortuñismo es misión imposible, y lo único que logrará es abonar plausibilidad a la histórica acusación de que ambos partidos son los mismos.

La estafa legal y moral perpetrada por Luis Fortuño --- con una carita fresca que es la envidia de las lechugas --- no puede quedar impune, porque ello sería legitimarla.  Y entonces, siempre habrá el 2016.

La prensa escrita seria del País --- a diferencia de los pasquines prostituidos --- ha documentado hasta la saciedad el saqueo que Luis Fortuño y su mafia de millonarios y la morralla del PNP.  El lector habrá notado que los editoriales y noticias de esa prensa ya no encuentra como expresar su asombro y su repudio a esta ratería que, calladito, ha dirigido Luis Fortuño desde Fortaleza.  En esa dimensión de expresión pública hay que recordar que la política y la prensa educan o deseducan, en todo caso forman opinión pública.  Y yo francamente noto que a los editorialistas se le están acabando las palabras para describir la sordidez de esa administración saliente, que de salida, en la puerta, se está robando descaradamente lo que no se habían robado en los cuatro años.

La prensa dice un día, “escándalo”, pero al otro día tiene que decir “desfachatez”, ya mañana tendrá que decir “robo conspiratorio”, y pasado mañana pensará cosas impublicables.  Y no las publicará por vergüenza, por pudor, de lo que no padecen Fortuño y su mafia.

Por todo lo anterior, la prudencia inhibitoria que empiezo a escuchar de la administración entrante me preocupa, porque paraliza moralmente para no hacer lo que viene obligada a hacer. 

Llamo la atención al lector --- y al nuevo liderato, si quiere escuchar --- sobre dos asuntos que se caen de la mata, a la falda de la nueva Asamblea Legislativa y al Departamento de Justicia.

El primero tiene que ver con quién debe y quién no puede tomar posesión de su escaño en enero.  Cada Cámara es juez exclusivo de  a quien sienta o no, porque cumple o no con los cánones mínimos de ética para formar parte del Cuerpo, sin denigrarlo.  Me es absolutamente claro que Antonio L. Soto, del Distrito 6, de Guaynabo, como producto del fraude electoral cometido por él y por Héctor O’Neill, no debe sentarse hasta que una corte determine si fue electo fraudulentamente o no.  Igual debe acontecer con María Charbonier, que enfrenta cargos en el Tribunal Apelativo por cobros ilegales al Municipio de Canóvanas.  Eso en el frente legislativo.

En el frente municipal, el nuevo Secretario de Justicia debe iniciar una investigación seria sobre el fraude electoral de Guaynabo.  Debe ofrecerle inmunidad a los implicados originales en el operativo del alcalde O’Neill, de tal manera que surja la verdad que O’Neill, Fortuño y Somoza han ocultado descaradamente.

No se trata aquí de cacería de brujas, como algunos han dicho para justificar el no hacer nada:  se trata de encauzar delincuentes políticos, de los hasta ahora exitosos conspiradores contra nuestra frágil democracia.

¿Se atreverá el PPD, o no se atreverá?  “The proof of  the pudding is in the eating”, como dice el americano.  El pueblo estará pendiente para ver a qué sabe ese bizcocho.

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