viernes, 10 de octubre de 2014

A Poco Más de Año y Medio del Veredicto 2016


Los movimientos y reajustes de palabra y de hecho de los dos partidos que se disputan el poder democrático en Puerto Rico desde 1972, anuncian que se ha pasado del modo administrativo, en supuesto cumplimiento con los compromisos contraídos, al modo electoral.  En eso recae la democracia cuando el liderato es frágil, inseguro, y carente de la disposición a perder elecciones cuando los problemas y las penurias del pueblo exigen carácter en vez de pusilanimidad acomodaticia.

Las sillas musicales, de gerentes administrativos serios y profesionales --- Ingrid Vila es el arquetipo --- a operadores al servicio del Partido y sus agentes locales, los alcaldes y los procuradores de influencias, posiblemente produzca una ventaja partidista, pero renuncia al juicio racional del pueblo sobre lo que creía era su gobierno.

Cuando en los párrafos anteriores hablo en plural, de los dos partidos, no puede inferirse que se trata  de “los mismos”, ya que tal supuesto implicaría que es lo mismo ser blandengue y timorato y ser audaz, pero absolutamente corrupto.  La corruptela de Rosselló y Fortuño le debe durar en la memoria al pueblo de Puerto Rico por cien años.  El caso del Partido Popular es más bien de incompetencia y de temor hasta de la más leve brisa.

El voto de 2016 tiene ante sí una opción clara:  entre un partido asustadizo, aunque honesto y un partido audaz, pero corrupto hasta la médula.  No tengo que aclarar sus nombres.

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