jueves, 23 de octubre de 2014

Puerto Rico: Del Encanto al Espanto - 1902-2014


Durante todo el siglo 20, del 1902 a 1940, Puerto Rico vivió en la pobreza, en la explotación de su vasta clase trabajadora pobre y campesina, a manos de unos hacendados del café, el tabaco, y la caña de azúcar.  Nuestra legislatura se constituía durante esas largas cuatro décadas por los abogados y representantes de aquella burguesía criolla explotadora.

En 1940 el pueblo mismo, respondiendo al liderato intelectual de una generación iluminada por principios de elemental humanidad y justicia social, realizó un cambio dramático, revolucionario.  Echó a los mercaderes republicanos del templo capitalino e instituyó un programa reparador, transformador, de equidad social y crecimiento económico.  Ese proceso restaurador de los viejos ideales de justicia social y económica y de autonomía política llegó hasta 1968, cuando se agotó precisamente el compromiso moral y político con la democracia del pueblo, dándole paso a la oligarquía de los nuevos mandones de la política clasista, de casta, que ha imperado en Puerto Rico desde entonces, desde Luis Ferré en 1969 hasta el día de hoy, hasta la noche en que escribo estas líneas.  Fui observador primero, desde adolescente, participante después, desde el servicio público, universitario primero, legislativo después, de aquella transformación, desde que se inició en 1940 hasta que se corrompió en 1968.

Lo que en la poética puertorriqueña se llamó la “Isla del Encanto”, se transformó ante nuestros ojos en la “Isla del Espanto” en que vivimos.

El análisis sociológico de los actores políticos de 1902 hasta 1940, y de ahí hasta 1968, se daba en términos de la decisión tradicional entre clases sociales, los ricos y los pobres, y los medianos.  Sin embargo, la perversión de los frutos del desarrollo económico, de 1969 hasta hoy, han convertido la división de clases estrictamente económica en estamentos, castas, que reproducen el esquema feudal de señores  y siervos.  Los dos partidos políticos que se turnan en el poder son como dos figuras geométricas congruentes, con diferencias de grado y no de especies.

Comparten un sólo valor absoluto, y no es le pueblo.  Es el poder para servir a sus clientelas.  Se dedican a las tonterías de la imagen pública y no a los programas y las acciones problemáticas, que pueden costar votos.  En ese caso, en vez de educar, se dedican a flotar con tonterías huecas, imaginistas, según los instruyen sus agentes de publicidad.

Donde no hay liderato, el pueblo perece.  Con muy raras excepciones --- en las Cámaras Legislativas, que por el otro lado es un área de desastre --- no hay discurso político, no hay educación sobre principios, fundamentos y realidades.  ¡Flotar, flotar, flotar!

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