domingo, 19 de octubre de 2014

La Sociedad, la Justicia y los Partidos


La sociedad, lo que los griegos llamaban Polis, o politeia --- es decir comunidad --- se compone de muchas partes, como no se cansaba Aristóteles de repetirle a su maestro Platón, que era el sublime maestro de la unidad, de la Idea total, orgánica, que lo comprendía todo, y que consideraba a las partes como elementos disociadores.

Sin embargo, por debajo de esas diferencias doctrinales, o de escuelas filosóficas, el legado de la antigüedad de Grecia y Roma, reiterado por todo el pensamiento medieval, y micho más el moderno, se concentra en una virtud política por excelencia:  la justicia.

Cuando Platón y Aristóteles, y Santo Tomás y John Locke, y Rousseau y Jefferson y Madison a finales del siglo diecisiete y dieciocho, articularon la esencia de la convivencia política, aterrizaron todos en lo mismo:  la justicia es la esencia de la convivencia política civilizada, y digna de la voluntad y del sacrificio de los seres humanos civilizados.

¡Cuánta negación de todo eso representa la miseria moral que vive Puerto Rico en esta hora aciaga, de desmoralización y desesperanza ante el espectáculo de una generación y clase política corrupta y ajena al Bien Común y a la Justicia que representan la única justificación de la vida pública, dedicada al servicio público, esto es, a la Justicia.

Una sola degradación de esa perenne aspiración a la justicia como esencia de la comunidad saludable basta para degradar también toda esperanza de salud cívica, y de que el gobierno muestre ante el pueblo el decoro de tratar, por lo menos, de acogerse y servir a la decencia cívica.

Cuando la justicia de un País está en manos de una pandilla partidista de politiqueros que inventan racionalizaciones para justificar la porquería moral que representan, el asco que no le da a ellos sino a los que recibimos y observamos su putrefacción moral, nos sume en la desesperanza.

La historia y la sociedad, sin embargo, no son estáticas.  Cambian, evolucionan, corrigen sus porquerías situacionales, y dejan atrás, como vertedero insalubre, a los alcahuetes de la maldad:  a los Koltoff, a los Martínez, a los Filiberti, a las Myriam Pabón politiqueras, y a los Estrella.  ¡De más alto han caído otros!

Ante ese espectáculo de cafrería jurídica, el llamado de la Juez Presidenta, Ileana Fiol, es a la vez dignificante y patético.  Preside un tribunal de ratas venenosas.  Pero no es culpa de ella, sino de ellos.  Mi antiguo amigo y colega universitario Santos P. Amadeo hablaba de sastres jurídicos.  Si viviera hoy le cambiaría su adjetivo de sastres a  cafres.         

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