lunes, 20 de mayo de 2013

La Democracia con Liderato y la Democracia Silvestre


Durante los primeros años de la exitosa revolución descolonizadora en Asia y África el liderato revolucionario de los países acuñó el concepto de “democracia dirigida”, para significar que la experiencia colonial no propiciaba la integración de aquellas sociedades en formas solidarias, pacíficas, de construcción de consensos nacionales que propiciaran la representación democrática y la unidad de propósitos para la reconstrucción social.

Ese concepto de “democracia dirigida” culminó en dictaduras personales o militares en países como Ghana, Pakistán e Indonesia.  Funcionó mejor en la Guinea de Sékou Touré y la India de Jahuarlahal Nehru, donde la voluntad democrática triunfó sobre la tentación tiránica.  En los casos más exitosos de desarrollo democrático, como los de Argelia y África del Sur bajo Nelson Mandela, la democracia real pegó y se distanció de los prototipos personalistas y tiránicos.  Todo este desarrollo lo documenté y publiqué en un artículo investigativo que en 1962 me publicó la revista The Review of Politics de la Universidad de Notre Dame titulado precisamente así:  The Political Ideology of Guided Democracy.

En el Puerto Rico de nuestros días estamos sufriendo por primera vez, desde 1940, la costosa experiencia de la antítesis de la “democracia dirigida”, que es democrática, libre, y pluralista, pero es dirigida, es decir lidereada desde la cúpula del partido y del gobierno.

Estamos apurando el fruto amargo y desorientador, desmoralizador por demás, de una democracia silvestre, a lo que salga, que contrasta radicalmente de la democracia con liderato en el centro, centro de partido y centro de gobierno.

En estos días de glosas evangélicas debo recordar una sentencia que leí como adolescente en el libro de Isaías, del Antiguo Testamento:  “Donde no hay visión, el pueblo perece”.  Esto es, donde no hay proyecto, donde no hay liderato visible y efectivo, el pueblo perece.  Eso estamos viviendo en estos días.

Dígame el lector, cuando examina el cuadro de la salud, el de la educación, el de la seguridad pública, ¿ve proyecto alguno definido y comunicable?  Todo está en veremos.  La mitad del gobierno lo dirige el equipo siniestro y corrupto que dejó Luis Fortuño.  Y los crímenes que auspició han quedado por la casa.  No hay autoridad partidista, ni política, ni moral, porque el Gobernador alaba todo lo que ocurre aunque constituya un incumplimiento craso de sus compromisos con el pueblo.

La democracia democráticamente dirigida produce resultados afines a la expectativa del pueblo, la democracia silvestre es el desconcierto, la sobrevivencia del más audaz y más listo.

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