domingo, 26 de mayo de 2013

Media Reforma Sobre Derechos Humanos


En la democracia imperan dos elementos constitutivos de las decisiones del Estado para con los problemas y necesidades de los ciudadanos.  En primer lugar, el proceso de discusión y consenso que permita moverse hacia nuevas fronteras de concordia, más allá de la discordia.  Por el otro lado, y como culminación de ese proceso, esta el producto que los actores políticos acuerdan para remediar las deficiencias valorativas de la sociedad en un momento dado.  Veamos, con respecto a los proyectos aprobados anteayer por la Cámara de Representantes, cómo lucen esos dos elementos de la faena legislativa.

El proceso fue aparatoso, lastimoso, desmoralizador para todas las partes envueltas en el pugilato de poderes y de valores.  El fundamentalismo religioso quería desbancar todos los proyectos contra el discrimen, en base a un reclamo de ser los enviados de Dios para tal propósito a nombre de un primitivo culto procedente de una familia de Ur de los Caldeos, de por allá del Sur de Irak, hace cuatro mil años.  Los legisladores, que entraron a este debate como toros miura, terminaron como bueyes enyugados por la demagogia y el tajureo de votos prospectivos.  El Gobernador hizo un papelazo de súplica, y una flaca mayoría cameral le perdonó la vida.

El balance es una perfecta definición de cómo no debe actuar una Legislatura ni un Gobernador.  Pero, lo hecho, hecho está.  Vamos al balance de ganancias y pérdidas.

La democracia no es asunto de victorias completas, absolutas, perfectas.  En ella el proceso que conduce a soluciones puede ser y con frecuencia lo es, pantanoso, conflictivo, odioso para las almas sensitivas.  Pero aún así --- porque usualmente es inevitable que así sea --- puede producir soluciones necesarias, positivas, de avance incremental para los que necesitan importantes correcciones en la sociedad y la cultura.

Se ha dado un paso de avance, y los “divinos pastores” lo saben.  No hay marcha atrás para la equidad y la dignidad humana.  Pero quedan vastas áreas, dentro de la misma temática de derechos para los homosexuales y lesbianas, que la cobardía de los legisladores populares y del Gobernador decidió sacrificar ante el chantaje de los fundamentalistas de la ignorancia invencible.  Lo importante es que todo eso es agenda de futuro, y que no hay marcha atrás.

Dos principios, uno filosófico-político y el otro teológico, presiden la reforma, aunque trunca, que se ha aprobado.  El primero es bíblico --- asignación de lectura para los “divinos pastores” y uno que otro sacerdote católico ---:  “Dios no hace acepción de personas”, dice el Nuevo Testamento, por lo menos mi antigua copia, y el otro, democrático-constitucional, manda taxativamente a “la igual protección de las leyes”, punto.

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