lunes, 10 de febrero de 2014

Alejandro en Busca de la Cabeza y el Corazón del Pueblo


El breve discurso que a manera de informe pronunció el Gobernador en la tarde de hoy representa el primer intento --- exitoso, espero yo --- de buscar el corazón y la cabeza del pueblo de Puerto Rico sobre la terrible crisis fiscal y económica que heredó de manos de los últimos siete gobernadores de Puerto Rico, aunque cada uno de ellos lo nieguen ahora, desde sus nichos de privilegio e insensibilidad.

Fue un mensaje breve, al punto, franco y efectivo en la transmisión de una crisis fiscal sin precedentes, y de una crisis económica desatada desde que Pedro Rosselló, Luis Fortuño y Carlos Romero Barceló traicionaron al País al solicitar la eliminación destructiva de las industrias 936 en 1998.

En los años tardíos de la década de los 30 del pasado siglo, Luis Muñoz Marín, angustiado por la irresponsabilidad de Washington sobre los problemas de nuestro pueblo, se la pasaba entre Washington y los campos de Puerto Rico buscando comprensión y ayuda para Puerto Rico, buscándole la cabeza y el alma al pueblo oprimido, explotado de Puerto Rico, para enrolarlo en su propia redención a través del voto limpio y honesto.  Rodeado como estaba por la vasta maquinaria opresiva de las fuerzas vivas --- o la mano muerta --- de los centralistas y hacendados de la caña, el café, y del comercio de importación, Muñoz rompió aquel cerco yendo directo al alma y la cabeza del pueblo mismo, miserable en su economía pero honesto en el fondo de su conciencia sobre las causas de su miseria, que no era natural sino creada.

Vivimos hoy en una sociedad distinta, abocada al consumo conspicuo y a ayudas gubernamentales que evitan la miseria, aunque no su pobreza.  Acciones irresponsables, politiqueras, desde Luis Ferré hasta Luis Fortuño han destruido el crédito del País, el empleo seguro, los servicios públicos de calidad, y las expectativas cada día de una vida mejor.  Cada uno de esos gobernadores reclaman ahora el “yo no fui”, cuando el pueblo sabe que “todos fueron”.

Pero el pasado no resuelve el presente, excepto como lección para poner la honestidad al frente de las reparaciones necesarias.  Alejandro García Padilla no puede administrar ni corregir el pasado.  El mensaje de esta tarde debe ser el comienzo de una sinceración total con la realidad y con el pueblo.  Si le busca bien al pueblo su cabeza y su corazón, como hizo Luis Muñoz Marín en los años 30 del pasado siglo, encontrará en la decencia básica de ese pueblo --- de “la gente”, como dice Alejandro --- los recursos y los estímulos morales para dar, con éxito, la gran pelea por Puerto Rico.

El discurso de esta tarde deberá ser el comienzo, con la verdad por delante, y con la fe en y la comunicación directa con el pueblo como programa.

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