lunes, 3 de febrero de 2014

Alejandro García Padilla: Del Optimismo Metodológico al Realismo Compulsorio


En la historia de nuestros gobernadores, a partir de 1972, el recurso político preferido por nuestros mandatarios ha sido la demonización del adversario antecesor.  Usado ese recurso como sombrilla protectora, la invitación al pueblo era para que no juzgara al incumbente en términos de sus ejecutorias reales --- o falta de ellas --- sino a “la pasada administración” que eran, desde Luis Ferre a Luis Fortuño, los mercaderes del desastre --- 7 desastres consecutivos, a la fecha de hoy.

Alejandro García Padilla inauguró un nuevo estilo:  encarar los problemas y no a sus antecesores.  En el fondo, eso se explica por su carácter:  afectuoso, entusiasta, positivo, atado al optimismo.  El pasado como queja no resuelve nada, excepto como lección, pero nunca como excusa para complacerse en lo negativo, cuando aspiró al poder y lo obtuvo como compromiso de futuro.  A ese estilo y ese propósito he llamado anteriormente “optimismo metodológico”.  Tiene sus méritos prácticos, como por ejemplo evitar que la garata partidista y personalista consuma las energías que requiere la acción, el cambio, la depuración moral de la función pública.

Pero el optimismo tiene un límite:  la terca realidad objetiva de las cosas.  Y en ese sentido Alejandro subestimó la gravedad de la herencia recibida, que si no se asume frontalmente, patea.  Y esa patada obliga a un cambio de actitud, método y enfoque, lo que a su vez requiere una sinceración con el pueblo.  En otras palabras, un realismo obligatorio.

Eso es lo que ha acontecido este fin de semana.  El Gobernador ha confesado --- como decían los americanos originales en los días de la ocupación de lo que después se llamaron las 13 colonias --- que “los indios vienen”, esto es, que los especuladores de bonos y acciones en Estados Unidos están pasando la cuenta a Puerto Rico después de exprimirlo hasta el hueso, juntando su avaricia con la irresponsabilidad de nuestros gobernadores.

El arte de la política requiere aspirar a lo mejor, como si fuera posible, pero  estar preparado para lo peor, sin que tiemble el pulso ni se abandone el timón.

Esa es la nueva dimensión  gubernativa en que ahora entramos.  Puerto Rico necesita que Alejandro enfrente competentemente la adversidad que heredó y pueda reclutar la solidaridad de todo el País hacia una salida airosa durante los próximos años.

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