martes, 27 de mayo de 2014

La AEE: Enemigos de Adentro y de Afuera


En toda la historia de Puerto Rico, desde que Luis Muñoz Marín y su generación le imprimieron rumbo al gobierno de Puerto Rico y sus instituciones, jamás se había generado un debate tan intenso, agrio y conflictivo como el que hoy presenciamos sobre la AEE, y en el que participamos como ciudadanos alertas sobre su importancia y porvenir.

Ese debate tiene dos dimensiones críticas.  Por un lado la crisis de gerencia que padece, por décadas, la AEE, por concepto de la corrupción interna que la sacude, la politización partidista que le carcome las entrañas, y la incompetencia crasa de sus gerencias --- históricas y actuales ---, que han repartido entre ellos mismos, sus gerenciales y sus sindicatos, la substancia económica que ha generado como monopolio del pueblo sobre la energía que necesita en sus familias y en las empresas de todo tipo.

A la hora que escribo, esta noche, la AEE está descapitalizada:  no tiene ni con qué comprar los combustibles que usa para generar energía, mientras le cobra a todos sus usuarios por el combustible y su sacramental “ajuste”, que compra con el dinero que ese pueblo paga, pero que se ha hecho sal y agua en las arcas de la agencia.

Los enemigos externos de la AEE --- empresarios, especuladores del petróleo, El Nuevo Día, ciertos elementos poderosos de la Asamblea Legislativa --- quisieran destruirla y jugar a los topos o a las cartas con unos inversionistas privados que se desconocen, pero que mueven los muñecos desde detrás de las cortinas, y sobre los cuales el pueblo ni los usuarios tendrían ningún poder que no sea el lamento borincano, como era el caso antes de crearse la Autoridad.

La única oportunidad que estos buitres que hoy actúan desde la sombra tienen de lograr sus propósitos es que la gerencia de la AEE los complazca con su incompetencia y su voracidad de repartirse los haberes del pueblo en la Autoridad.  Si no limpian su desempeño de las sombras de la corrupción, la Autoridad le caerá como guanábana madura en la falda de los nuevos colmillús, cerrando así el ciclo histórico de 1940-2014.

Estamos ante un experimento crucial de capacidad, voluntad, y convicción ética sobre para qué es el Estado democrático y el Bien Común.

Si esto último se da, estaremos ante la misma claudicación que se ha dado en los últimos 22 años en el área de la salud:  con los dineros disponibles, se ha declarado incompetente al gobierno y a las profesiones y recursos de la salud para administrar un sistema público universal --- en acceso, continuidad y pago ---, por lo cual hay que entregar el dinero del pueblo a los comerciantes privados de la salud y el dolor humano.

Así no hay patria o pueblo  del cual nos enorgullezca formar parte.  Porque ahí también se habrá ido la luz.

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