jueves, 1 de mayo de 2014

Política, Axiología y Aritmética


La discusión pública que ocurre en el gobierno de Puerto Rico, desde la sociedad en general, y por parte de los analistas que desmenuzamos los números que el gobierno publica y los cambios que quiere hacer en esos números, activa tres dimensiones de evaluación para los problemas que nos acosan.  Esas tres dimensiones están captadas en mi título de hoy:  política --- teoría y práctica del bien común; axiología --- tabla de valores y prioridades personales y sociales; y aritmética --- el control cuantitativo, la métrica con que juzgamos soluciones y posibilidades de superar nuestras crisis, especialmente la financiera y fiscal.

El nivel político es sencillo: se trata de para qué --- en la democracia --- instituimos organizamos y elegimos gobiernos.  Dado que todos no podemos gobernar a un tiempo, y que el no gobierno --- la anarquía --- es una fantasía, tenemos que autorizar gobiernos para que sirvan al Bien Común y no a sí mismos, ni a grupitos de oligarcas que pasan falsamente de aristócratas, esto es, “gobierno de los mejores”.  Tal cosa no ha existido nunca ni existirá en la historia.

Puesto que el gobierno democrático es el gobierno para realizar la justicia, esto es, el Bien Común, es necesario que gobierne desde una jerarquía de valores, de prioridades, para que el Bien Común no resulte en el bien de unos pocos.  Eso supone una base económica firme y estable a la luz de los componentes financieros y fiscales que hacen posibles los programas de justicia social que definen el Bien Común.

Esos programas políticos conforman y definen una axiología --- una acción concreta de prioridades que pueda convocar el respaldo de la ciudadanía.  Cuando la economía de un país democrático entra en recesión o depresión, los principios de justicia --- qué va primero y qué va después --- se estremecen, y demandan que sus líderes hablen claro y tomen decisiones firmes, conforme a jerarquías de valores y prioridades que satisfagan la opinión pública, política y en general del pueblo.

Eso ha hecho durante los últimos dos días Alejandro García Padilla.  Ante sus propuestas realistas, valientes, y viables, hemos visto las reacciones patéticas, ignorantes y demagógicas de los principales culpables de esta crisis.  Hemos visto también el purismo ideológico de algunos analistas disecados en el pasado, a nombre de ideologías superadas por la historia.  Tienen un problema de aritmética, puesto que para complacer sus gustos ideológicos tendrían que, si restan por un lado, sumar por el otro para que el total necesario resuelva o alivie la crisis.  Me recuerdan a mi antiguo mentor --- Aristóteles de Estagira --- cuando le preguntaron por qué no seguía la doctrina idealista y pura de su maestro Platón, que suponía entregarle el gobierno a los filósofos reyes, poseedores del saber y la virtud absolutas.  “Muéstrenme uno, uno sólo, de esos seres maravillosos y yo con gusto les entregaría el poder.  Pero no he conocido ninguno”.  Y yo añado, ni en Atenas ni en Puerto Rico.

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