jueves, 10 de julio de 2014

Un Gobierno Autista y un Pueblo Espantao


Si uno se interna en el bosque y no marca los árboles para el regreso, cae en el sentido de perdimiento y naufragio que aqueja al pueblo de Puerto Rico en el momento que escribo.

Nuestro pueblo se siente anonadado, confundido, perdido entre las sombras de lo que pretende pasar por explicaciones y justificaciones de su confusión.  Sus líderes no explican, y cuando lo hacen lo más que pueden articular son frases sueltas, sin articulación gramatical ni lógica.  El pueblo intuye que están trabajando, bregando contra la tupida urdimbre de la complejidad económica, financiera y fiscal.  Y quiere creer, pero no le brindan los asideros por donde elevarse al entendimiento de la crisis.

Hace apenas seis o diez meses que todo estaba aparentemente claro:  José Ortiz, Jorge Rodríguez, Miguel Cordero y Josué Colón respiraban optimismo:  optimismo de enormes bonos de productividad mientras quebraban la Agencia (AEE).  Expulsados de allí por efectos de su palpable corrupción, la Agencia ha caído en la mortandad financiera que sólo la imagen de los cocodrilos jadeantes en los “Everglades” de la Florida pueden comparar.

La nueva gerencia de la AEE está sumida en la búsqueda de fondos con qué pagar las deudas heredadas de los cinco gobernadores anteriores y no los encuentra.  Si el gobierno no sabe, ¿qué va a saber el pueblo de las porquerías financieras heredadas?

Hay que abonarle a la gerencia de la AEE y al Gobernador su valor para enfrentarse a la crisis, aunque el pueblo está a oscuras sobre esa peripecia trágica.  Confía en la honradez y en la motivación de servicio --- aun desde las catacumbas de la corrupción e incompetencia previas --- de los que lidian en la oscuridad contra el estercolero heredado.

Da pena y compunge el espíritu el que los cuatro sindicatos más económicamente privilegiados del País --- UTIER, UIIA, Fondo del Seguro del Estado y la TUAMA estén en las calles gritando su insolidaridad con el País, negándole los servicios esenciales, a nombre de sus ingresos privilegiados.  Esos son otros que se internaron en el bosque y no se llevaron consigo la tiza para marcar los árboles en el regreso a la luz.

El gobierno no explica, y al pueblo se le brotan los ojos de espanto.

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