jueves, 3 de enero de 2013

El Usurero de Ponce Cobró su Libra de Carne


En la clase de inglés cuarto de la Escuela Superior de Bayamón, por allá por 1943, dirigida por una excelente profesora --- esclavista en su exigencia y rigor --- analizamos la pequeña obra de Don William Shakespeare “El Mercader de Venecia”.  En ella un prestamista usurero prestó a un ciudadano necesitado una cantidad de monedas para salir de una crisis.  Con una condición:  si cumplido el plazo acordado el deudor no podía saldar el préstamo, convenía a que el judío usurero extrajera de su cuerpo una libra de carne.  Desgraciadamente eso fue lo que sucedió, el deudor no pudo saldar la deuda y el usurero judío exigió entonces la libra de carne a ser cortada del cuerpo del deudor.  Planteado en corte el conflicto, un juez sabio --- salomónico --- advirtió al judío usurero que si bien era cierto que el deudor debía esa libra de carne libremente convenida, ello no incluía la sangre que inevitablemente se derramaría en el acto del cobro.  Asunto terminado:  la justicia está por encima de los negocios y los chantajes.

Este drama, en el teatro político boricua, tiene equivalencias palpables.  Tenemos, en el escenario que ante nuestros ojos se desenvuelve, los valores y los personajes del Mercader de Venecia:  Alejandro García Padilla es el que solicita el préstamo, el favor político.  El judío usurero es Rafael Hernández Colón.  El nombramiento --- por chantaje --- de su hijo Juan Eugenio, de otra manera inmercadeable, es la libra de carne a pagar por el préstamo original, el respaldo de Hernández Colón a Alejandro, a la vez innecesario y dañino.

La transacción ha quedado desgraciadamente consumada:  PRAFA para Juan Eugenio --- libra de carne que extrae el usurero de Ponce por un respaldo innecesario e insignificante al pobre deudor, Alejandro García Padilla.

Esta acción de Alejandro García Padilla compromete de manera peligrosa su credibilidad, y le resta a Puerto Rico un funcionario que tuviera la preparación, la cultura intelectual y política, y el profesionalismo que exige el representar en Washington al gobierno de Puerto Rico.

La libra de carne está cobrada, la sangre, que no estaba incluida en el trato, la paga el pueblo de Puerto Rico.  Todo ello, ¿a cambio de qué?  Rafael Hernández Colón es, sobre el Partido Popular un albatros, y para el pueblo de Puerto Rico una momia inerte.  ¿Qué necesidad tenía un gobernador triunfante de rendirle los intereses del pueblo de Puerto Rico a esa momia?  Eso cuesta y eso se paga. Y se paga con la moneda mas preciada de la vida política democrática:  la credibilidad.  Porque este episodio está peligrosamente muy cercano de la primera mentira de Alejandro García Padilla.

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