viernes, 18 de enero de 2013

Todo Indica que Hay, Por Fin, un Secretario de Justicia


La experiencia desmoralizante habida con las actuaciones estrafalarias y politiqueras del saliente Secretario Guillermo Somoza en Justicia ha puesto al pueblo alerta y observador a evaluar temprano las actitudes y actuaciones de Luis Sánchez Betances en esa Secretaría.

Los primeros indicios son alentadores, reflejan profesionalismo y responsabilidad, especialmente con relación a delitos y crímenes cometidos por los aparentemente impunes funcionarios salientes del PNP.  Sobre eso me lamentaba anoche de que parece que cunde en el nuevo gobierno una actitud de amnistía para con los depredadores del tesoro público y para con los delincuentes en asuntos específicamente políticos, como si quisieran desde ahora congraciarse con todo el mundo con miras al 2016.  Lo cual demostraría que en este sistema el pueblo gana en las urnas y siempre pierde en la ejecutoria pública.

Luis Sánchez Betances ha marcado una diferencia, al anunciar que investiga los delitos y crímenes cometidos en el Departamento de la Familia, que ya le constan a todo el País, y especialmente en las primarias de Guaynabo, donde Héctor O’Neill ha pisoteado la democracia, el voto limpio y la elección honesta.

El alcalde O’Neill, que se siente todopoderoso o como cacique intocable, ha estado por todos los medios cacareando su prepotencia:  ¡El pueblo lo reeligió y no hay nada más que buscar!.  ¡Ya veremos!, parece decir el Secretario de Justicia.

El producto de la corrupción electoral del alcalde --- el representante Antonio Soto --- anda disfrutando en la Cámara el fruto de ese robo electoral, cuando el Presidente de la Cámara, señor Perelló, debió detener su juramento a ese escaño hasta que el Departamento de Justicia no certifique qué pasó en Guaynabo con las transferencias ilegales y los empleados de O’Neill como autores del fraude.

Lo mismo debe ocurrir con las empleadas asesoras de Jenniffer González, que exhibieron sus tirrias raciales contra Rafael Cox Alomar y Barak Obama, ofendiendo y denigrando la honorabilidad de la Cámara como cuerpo.

¿Qué  pasa?  ¿No hay babilla?  ¿No hay calzones para aguantar la correa ética?

Héctor O’Neill ha desfilado por todos los medios absolviéndose a sí mismo del fraude que la Comisión Estatal de Elecciones le imputó, con evidencia de sobra.

El Departamento de Justicia --- que ha dado prometedoras señales de vida y de profesionalismo --- tiene la palabra. 

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