viernes, 27 de septiembre de 2013

La Reencarnación de Harry Truman en Barack Obama


Para noviembre de 1948 yo residía en la Casa Internacional de Chicago, mientras cursaba estudios post-graduados en su universidad.  Para la semana anterior a las elecciones nacionales que enfrentaba al presidente demócrata Harry S. Truman al candidato republicano Thomas Dewey, todas las encuestas, todos los aparatos publicitarios de la nación daban por seguro ganador al entonces gobernador de Nueva York.  Menos Harry Truman mismo y un círculo íntimo, bien pequeño, que nunca concedieron la derrota.  Uno de ellos cruzó el país, arriba y abajo, Este y Oeste, escuchando las voces sencillas del pueblo en los bares, en los restoranes, en las filas de los supermercados.  Allí escuchó otro sentir de pueblo, radicalmente diferente a la publicidad multimillonaria pagada por Wall Street y los barrigones ricachos de la vieja oligarquía de Herbert Hoover, J.P. Morgan, y miles de depredadores del Bien Común americano que Franklin D. Roosevelt había echado --- como los mercaderes bíblicos --- del templo de la democracia.

El íntimo amigo y confidente de Truman le comunicó un mensaje sencillo, producto de su capacidad para escuchar y discernir, lo que la cacofonía oligárquica no permitía ni quería oír.  “Mr. President”, le dijo, “you can win”.  Y así fue, en aquella noche larga de noviembre de 1948.  ¿Qué pasó?  ¿Cómo se construyó aquella victoria?  Se construyó a base de carácter, inteligencia práctica, sentido común y voluntad férrea de lucha por los principios capitales de la fe democrática.

Dos cosas salvaron para Truman aquella elección.  La primera, enfrentarse al adversario sin miedo, sin tapujos, sin cálculos demagógicos de pretender complacer a todo el mundo, en busca de votos rancios e hipócritas.  Para eso citó al Congreso --- republicano en ambas Cámaras --- a una Sesión Extraordinaria para entender en 18 proyectos que no habían querido aprobar para perjudicar al Presidente.  Los republicanos, claro está, no tomaron el asunto en serio.  No aprobaron nada, y le permitieron al Presidente recorrer el país en un tren especial, desde cuya plataforma trasera se dirigía al pueblo que lo esperaba en cantidades cada día más masivas, diciéndole, con la ira santa del “underdog” vilipendiado:  “We have, you have, a do nothing Congress”.  ¿Y ustedes saben lo que yo voy a hacer con ese “do nothing Congress”?  “I am going to give them hell”.  A lo que las multitudes respondían:  “Give them hell Harry, give them hell”.

En una situación comparable ha colocado el Partido Republicano del Congreso al Presidente Obama con su campaña contra el "Obama Care" --- el plan de salud del Presidente, aprobado por el Congreso, por la Corte Suprema, y por la reelección de Obama.  Todo para servirle a las compañías de seguro multimillonarias y a los complejos hospitalarios que le pagan las campañas.  Además, pretenden sumir al país en el descrédito de no poder pagar la deuda nacional, porque el Presidente no está dispuesto a destruir los programas que protegen a los pobres, a los estudiantes, a los inmigrantes, y a los cupones contra el hambre.

Recuerdo con orgullo que ejercí en favor de Truman, mi primer voto.

El discurso de ayer del Presidente, como un Harry Truman reencarnado, ha retado a la derecha cavernaria del Partido Republicano para que provoque la parálisis del gobierno federal y reniegue de la deuda nacional.  ¡A ver si se atreven!

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