domingo, 17 de noviembre de 2013

Las Tres Pesadas Cargas de Alejandro


Si con las buenas intenciones y los buenos valores pudiera gobernarse una sociedad compleja y en crisis, Alejandro García Padilla brillaría como gobernante, porque en ninguna de sus células late egoísmo o perversidad alguna.  Está totalmente motivado por y entregado al servicio de nuestro pueblo.  Pero, como dice el refranero inglés, “if wishes were horses beggars could ride”.  Porque la realidad objetiva de las cosas --- como decía Carlos Marx --- existe, es terca, y patea si no se cuenta con ella.

Esa realidad objetiva, en el Puerto Rico de hoy, se presenta ante el gobernador en la forma de tres pesadas cargas que le impiden que su motivación limpia y sana se manifieste en forma firme, competente y eficaz.

La primera carga esta constituida --- y es vox populi, la voz del pueblo --- por su hermano Antonio, expresidente de la Universidad y exproblema de la institución, por sus métodos manipulativos, personalistas y francamente raros y disociadores de la convivencia y la administración de la Casa de Estudios.  Se dedicó allí a la “dolce vita” personal de forma escandalosa, manipuló la Junta de Síndicos mediante nombramientos PNP que le reían las gracias mientras se hacían millonarios con el tesoro universitario, mientras él metía su mano en las cosas más nimias de cada recinto universitario, contra las disposiciones de la Ley Universitaria vigente.  El peso de esa continuada intervención puede echar a perder lo que las buenas intenciones y motivaciones de Alejandro podrían auspiciar en la Universidad.

Pero Antonio García Padilla no es sólo él.  Es todo un grupito influyente, alicates de la oligarquía y el quietismo ideológico y programático que se ha tragado las promesas de campaña del gobernador.  Ahí esta la publicista de Palacio, Marisara Pont, el adaptable Fernando Agrait y --- no podrían faltar --- las fichas de la familia extendida de Rafael Hernández Colón, que ejerce --- desde Washington, desde las oficinas legales de su hijo José Alfredo, y ahora desde su nieto en Fortaleza, un pesado chantaje controlante de lo que de otra manera seria el libre albedrío honesto de Alejandro García Padilla.  Esa es la segunda carga.

La tercera carga, que pesa como una losa de hierro o de hormigón, es la crisis económica y financiera del País, hija de una crisis política heredada de las administraciones perversas y corruptas de Pedro Rosselló y Luis Fortuño.

Para enfrentar con éxito la tercera crisis, que lo es del País, tiene que sacarse de encima los pesados fardos de su hermano Antonio, y de la familia Hernández Colón, insaciable por el dinero y el poder, que no es el suyo, sino del pueblo y de Alejandro.

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