miércoles, 27 de noviembre de 2013

Un Asunto de Competencia


El despelote de ineficiencia que exhibe el gobierno de Puerto Rico al cumplirse un año de gestión y en absoluto control del Poder Legislativo y del Ejecutivo le comunica al pueblo una situación muy delicada y peligrosa.  Porque no se trata meramente de una insuficiencia fiscal y depresión económica, sino de un cuadro --- al año de ostentar el poder absoluto del Estado, con excepción de la ganga de soplapotes del Tribunal Supremo --- de incompetencia para enderezar y dirigir la administración de gobierno.

¿Cómo es posible que al año de administrar el poder total del gobierno existan pantanos de desorganización tan prominentes como los que existen en el Departamento de Obras Públicas y el Departamento de Educación?  Ambos Secretarios alegan que están aunando criterios, información básica, para reordenar sus servicios.  En el caso de Educación estamos en la fase de encuesta, para saber o no si se acepta el plan de los intereses privados --- organizados por El Nuevo Día --- para la reforma del sistema.  En el caso de Obras Públicas se trata de que las firmas privadas que nutren al Secretario de técnicas y sistemas se dignen producir algo operacionable.  Al otro lado de esa pantalla de dejadez e incompetencia, en el caso del DTOP, está la masa de ciudadanos que paga por todo y sufre por todo.  ¿Cuánto tiempo necesita el Secretario para producir el servicio que el pueblo necesita y paga?

En el caso del Departamento de Educación el problema es más masivo, costoso y confuso.  Yo le pago en oro al que me diga hacia donde dirige el capitán de Educación --- si lo dirige,  sin compás, sin proyecto, al “run tun tun” de lo que ocurra cada día --- la nave del Departamento.

Limito a dos las instancias de --- poniéndolo en los términos más caritativos posibles --- inefectividad de los dirigentes en esos dos renglones de la vida oficial que afectan a todas las familias de Puerto Rico.  Pero como muestra me recuerdan la administración de Jimmy Carter en los Estados Unidos, de 1972 al 1976: un Presidente honesto, bien intencionado, inteligente, pero inefectivo.  Lo derrotó un actor de tercera clase de Hollywood, Ronald Reagan.

A ambas situaciones puede aplicarse el concepto que le gustaba afirmar a Harold McMillan, el Primer Ministro conservador de Inglaterra en los tempranos años 60 del pasado siglo.  Faltó en Estados Unidos entonces, y falta en Puerto Rico hoy, “the stuff of command”.

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