lunes, 17 de marzo de 2014

La Reforma Municipal se hizo Sal y Agua


Los recientes escándalos protagonizados por los alcaldes de ambos partidos --- la ratería cínica de aumentos de sueldos para elevar sus pensiones ---, sumados todo eso a las prácticas de extorsión de dineros municipales y estatales mediante subastas fatulas y contratos corruptos a personeros corruptos, de los cuales los alcaldes cosechan “consideraciones”, denotan una crisis aparentemente terminal en nuestros cabildos.

El grito que surge de todos los sectores del pueblo es uno de asco, en demanda de cambios radicales a la gobernanza municipal.  Esa demanda, tan justa en sí misma, choca con dos resistencias inamovibles: el caciquismo alcaldicio y su creciente corrupción, no importa el color de sus plumas.  Ante la evidencia cumulativa revelada por la Oficina del Contralor y por la investigación periodística seria, los alcaldes no cesan ni desisten ni avizoran propósitos de reforma.  Que no son todos, es cierto, pero los que son valen por las docenas de honrados y eficientes que pueda haber, porque están envalentonados al saber que los líderes principales de sus partidos --- carecen de voluntad para cumplir con sus deberes de saneamiento, ya que decir alcaldes es decir campañas, y nadie quiere quedarse solo de antemano.  Por eso se cogen la nariz y se arrollan los calzones y marchan sobre el estercolero.

La Legislatura acaba de aprobar una pieza legislativa, diz que para contener la ola de corrupción alcaldicia, y la promiscuidad de cabildos, pero a la hora de recoger los bates no es más que un engaño, un aguaje de muleta.  En vez de controlar los vicios municipales integrando servicios intermunicipales lo que hace es descentralizar algunas funciones de los Departamentos, Agencias e Instrumentalidades para que los alcaldes se empleen en atender, se entretengan, y conserven todas las prerrogativas --- legales e ilegales --- que hoy los señala como enclaves de corrupción personal ya intolerable.

Se confunde en el proyecto, en forma jaiba y poco sutil, la descentralización de servicios con la integración intermunicipal de funciones.  Los alcaldes estarán contentos, pues sellaron su intocabilidad y reciben fondos nuevos, sin alterar en lo más mínimo sus figuras de jeques árabes, intocables.  Porque si no hay dinero y poder, los alcaldes no bailarán en las campañas.

La sospecha de aguaje es evidente: se trata de una supuesta “reforma” en que todos están de acuerdo.  ¿No les parece raro?

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