jueves, 27 de marzo de 2014

Los Deudos del Stalinismo


Sorprende académica e intelectualmente hablando, el brote de antiamericanismo litúrgico que en los medios radiales ha surgido con motivo de la agresión invasora de Crimea, península de una nación soberana e independiente al sureste de Europa.  Ese antiamericanismo litúrgico ha tomado la forma de panegírico a la persona y conducta de Vladimir Putin, el nuevo héroe de la izquierda frustrada de Puerto Rico, ocupando el espacio que ayer ocuparon Fidel Castro, Che Guevara y Hugo Chávez.

Los hechos objetivos de la historia contemporánea lo que demuestran es que Putin no es la “Madre Teresa” que algunos analistas de radio proclaman:  líder extraordinario, demócrata a carta cabal, libertador de pueblos que antes fueron suyos y se independizaron, nacionalista unificador de rusos previos donde quiera que estén, exactamente como Adolfo Hitler racionalizó sus ataques a Checoslovaquia, Polonia y Austria en 1938 y 1939.  Hitler también contó con los votos de los alemanes en 1932, como Putin ahora, y como Nicolás Maduro en Venezuela.

Si algo ha probado la historia de los últimos 75 años es que los votos son necesarios para validar el poder desde el Estado, pero no validan cualquier conducta opresiva contra el adversario político, que por perder una elección no pierden su dignidad, libertades y derechos.

Putin no es otra cosa que un matón, verdugo de las minorías soviéticas y  rusas desde la KGB, la policía represiva de Stalin, Beria, Breshnev, Kruschev, hasta el mismo Vladimir.  Encarcela a los opositores, desaparece a periodistas, saquea con sus cuates el tesoro de su nueva Rusia.

Gracias precisamente al temple liberal de Europa y America, se le estaban acreditando actitudes de hombre de estado civilizado en los concilios de Europa y las Naciones Unidas.  Pero hay tipos que si no la hacen a la entrada la hacen a la salida.  Ya el mundo civilizado sabe --- y las Naciones Unidas --- que no es posible hablar en serio, y menos confiar en el nuevo Zar de Rusia, como en Egipto no se puede confiar en los nuevos faraones.

El nuevo orden --- desorden internacional que Putin representa --- no es aceptable a la civilización democrática, que ha venido madurando instituciones de derecho internacional por los últimos 66 años, a partir de la Carta de las Naciones Unidas, que hoy rechazó, 100 a 11, las fechorías de Putin en Ucrania.

No luce bien, de parte de los deudos del stalinismo, transferir sus resentimientos contra los Estados Unidos, por el simple hecho de que el pueblo de Puerto Rico rechaza masivamente la independencia, a una actitud de panegírico a la agresión de Putin en Crimea.

Sólo la ignorancia puede convertir esa gimnasia acrobática en validez jurídica.

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