domingo, 14 de abril de 2013

Campaña 2016 a los Cien Días


La obra de cualquier gobierno para demostrarse a los 100 días constituye una doble majadería.  El término constitucional del Gobernador y la Legislatura es de cuatro años.  Que las gradas políticas ignorantes y manipulables por la prensa incurran en es sandez es una cosa.  Que el Gobernador se baje a ese nivel de impresionismo de 100 días, con un anuncio a página entera en todos los medios, pagada por su partido --- no como gobernador que informa a su pueblo, sino como político asustado ante la masiva crítica pública a su estilo y a sus decisiones --- eso es muy otra cosa.  Porque pensamos siempre que una cosa es el gobierno y  otra, muy otra, es el partido, el que sea.

Esas páginas publicitarias --- no de explicación seria de las múltiples crisis del País --- están bien para octubre del 2016, no para principios de abril de sus primeros meses de gestión.

Debo confesar que no entiendo al Gobernador, ni cuando habla ni cuando calla.  Cuando habla porque no articula en oraciones completas.  No acomete los problemas en términos de sus partes, y no relaciona esas partes con el todo problemático que le acosa.  Y cuando calla, porque entonces otorga.  Acústicamente, semánticamente, fonéticamente apenas entiendo nada de lo que balbucea el gobernador.  Ni quedan claras las definiciones de los problemas, ni quedan claras las supuestas soluciones.  No me queda más remedio que concluir que, como decía el otro García, García Márquez, “el general no tiene quien le escriba”.

Hay muchas cosas que explicarle al pueblo que creyó que había elegido un nuevo gobierno.  Tres meses son mucho menos que cuatro años, pero son suficientes para marcar un estilo y una voluntad.  Hasta hoy el estilo es borroso, y la voluntad claramente gelatinosa.  El PNP gobierna en docenas de agencias, y los raqueteros contratistas de Fortuño campean por sus respetos. ¿Quién ganó las elecciones? ¡Vaya usted a saber!

Los sueros de brea, además de lentos matan a los pacientes.  Y si no, pregúntese el lector: ¿Dónde está la visión y el proyecto de la reforma educativa? ¿Por dónde anda la reforma de salud?  Andan por los predios de la cobardía: en Educación no pasará nada serio, y en salud menos.  La burocracia magisterial inerte vencerá en lo primero, y las aseguradoras insaciables flotarán triunfantes en lo segundo.

Me pregunto, ¿quién ganó las elecciones y para qué?  Desde esta esquina continuaré informando al País sobre el fruto de su frustrada sed de cambio.

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