lunes, 8 de abril de 2013

Los Sindicatos en el País de las Maravillas


Se ha anunciado una marcha masiva de los sindicatos laborales para el próximo miércoles protestar contra el Gobernador y la Legislatura por haber aprobado una nueva ley de Retiro que no les complace.  Eso es normal y deseable en la democracia cuando las decisiones del gobierno se consideran agravios, no importa si tienen razón o no.  Lo indeseable es que los grupos cívicos sean pasivos, aguantones y cobardes.

Sin embargo, en algún momento hay que exigir razones y alternativas realistas, viables y suficientes para conjurar la crisis a que se enfrenta la condición fiscal del Estado y la quiebra actuarial del Sistema de Retiro.  No he escuchado ni una sola solución alternativa de parte de los protestantes.  Pero la protesta no basta, la responsabilidad exige principios, números, proyecciones adecuadas y suficientes en alternativa.  Hasta hoy no conozco ninguna propuesta, política o laboral que satisfaga esos sencillos requisitos de la honestidad que fortalecería la protesta, y que en su ausencia le resta honestidad intelectual.

Estos sindicatos laborales harían bien en ejercitar la doble memoria que legitimaría su aparatosa indignación:  ¿qué dijeron y qué hicieron cuando Fortuño y Rivera Schatz masacraron el servicio público y rompieron las cabezas de los obreros y estudiantes a raíz de la Ley 7?  Ese es el ejercicio de memoria corta a que los invito.  Si la ejercitan, tendrán que calificar como nauseabundas las charlatanerías de Lourdes Ramos y Jenniffer González sobre su novedosa defensa ahora de los trabajadores y los empleados públicos.

Ahora bien, ese ejercicio de memoria podría extenderse, retroactivamente, hasta los años 30, y después de ellos, a los años 40 al 90 del pasado siglo, para ver qué partido explotó y vilipendió a los trabajadores y cuál los liberó de aquel yugo republicano durante el mismo periodo de tiempo.

La ignorancia sobre aquel proceso histórico es mala consejera.

Además, hay que preguntarse por qué estos sindicatos militan tan airadamente contra el gobierno popular, cuando actuaron como corderitos bajo Rosselló y Fortuño.  Sabían que la protesta la disolvían a palo limpio, a lo Figueroa Sancha, de tan ingrata recordación.  Ahora pueden protestar porque el PPD respeta su derecho a hacerlo.  El oportunismo de esa actitud se les nota.

¿Cuáles sindicatos protestan?  Los del servicio público, porque se trata de un liderato mantenido, que no está dispuesto a coger sol, lluvia y sereno en las calles para organizar la industria privada.  ¿Cuántos de esos sindicatos y líderes han organizado los bancos o las farmacéuticas, o los obreros de la construcción?  Ninguno.  Porque son más fáciles las matrículas cautivas. ¡Así es un mamey!, dice el jíbaro.  Con todo y eso, para que se les atienda seriamente, sólo tienen que producir alternativas serias, suficientes, y administrables.  En ese caso el gobierno no sólo respetaría sus marchas, sino sus ideas.  ¿Donde están?

1 comentario:

  1. La experiencia de la Unión Europea nos deja cada vez más y más claro que Puerto Rico para salir del problema en que esta tiene que moverse hacia la unión fiscal con los Estados Unidos o salirse de la unión monetaria.

    Los soberanistas no entienden que sacar a Puerto Rico de las leyes de cabotaje es otro parcho más. Puerto Rico necesita salirse de la unión monetaria con los Estados Unidos y establecer
    su propia moneda.

    Las clases dominantes de Puerto Rico son muy cobardes. Lo que quieren es el mangó bajito de vivir de la renta que surge de la exención contributiva.


    La defensa de la independencia se ha llevado a cabo muy abstractamente en términos de los
    derechos de la nacionalidad de Puerto Rico. Pero la nacionalidad se tiene que basar en una economía nacional. Para tener una economía nacional es necesario tener una moneda nacional.


    El Estado Libre Asociado es una nación de embuste. Una nación amarrada por todas las esquinas por los Estados Unidos. La apariencia de nación funcionó por un tiempo a través de la importación de capitales atraídos por la mano de obra barata, pero la exportación simultanea de la gente terminó con los salarios bajos y por lo tanto con la inversión de capital en Puerto Rico. El desarrollo se estancó y luego se comenzó a vivir de las transferencias federales y de la deuda.

    Ahora para resolver el problema de la productividad, Puerto Rico tiene que moverse hacia una moneda nacional o hacia la unión fiscal con los Estados Unidos.

    Wao! Qué tímidos han sido los independentistas hasta el día de hoy.

    Ni los estadistas hablan de los impuestos federales ni los independentistas hablan de la moneda nacional.

    ¡Qué colonizados y qué mal educados estamos!

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