domingo, 11 de noviembre de 2012

¿Agenda Obligada del Partido Popular? Cumplimiento


El pueblo de Puerto Rico realizó elocuentemente su agenda política el pasado martes 6:  privatizó a Luis Fortuño y a su señora Luz Eufemia.  No se puede pedir más, si la privatización fue la pasión de sus vidas, y nunca entendieron la ética política del Bien Común, del bienestar general, y del servicio público como suficiente compensación en el caso de motivaciones limpias, que agradezcan que el pueblo los ha complacido.  Su insaciabilidad por el dinero tiene que saciarse en otra parte que no sea el gobierno como instrumento del pueblo.

Pronto vamos a ver cómo los bancos se pelearán por los servicios notariales de doña Luz Eufemia --- Richard Carrión, autor intelectual de la Ley 7, encabezando la fila de los que reclaman los servicios de la doña.

Quizás veremos también la fila de los pastores buscones --- ofensas al cristianismo --- alineándose en busca de prebendas del gobierno en la negación de que fueran alcahuetes de Fortuño, encabezados por el buscón mayor, el tal Heredia, ideólogo de los “valores” de Fortuño, en cuya lista no figuraban ni la verdad ni la justicia.

La lista es larga, desde el “bully” de Jorge Santini hasta el pillete de Roger Iglesias, que para más insulto Rivera Schatz lo puso a investigar y juzgar al Juez Presidente del Tribunal Supremo.

Pero, como este tema es inagotable, y tenemos cuatro años para ir desgranando esta bellota de corrupción y el afrentamiento de Fortuño y sus cuates, lo colocamos en un paréntesis, como lista interminable, en lo que atendemos un asunto más apremiante, empezando ya:  el estricto cumplimiento de lo que se le propuso y prometió a este pueblo a cambio de su voto, su respaldo, sus dudas e incertidumbres.  Por que de otra manera se confirmaría el cinismo de los que sostienen que los dos partidos y sus lideratos son equivalentes, que padecen de los mismos vicios partidistas, y que sólo les importan sus “clientes”, que no son el pueblo.

Si Alejandro García Padilla quiere ponerle fin temprano a esa leyenda política tiene que demostrar que es él y no los figurones tradicionales del Partido quien va a hacer las decisiones de nombramientos y políticas públicas, al margen de los grupos que, entre razones y pasiones, prefieren las últimas.

Cualquier percepción del pueblo de algún desvío de las promesas literales que se le hicieron, bastaría para un cruel desengaño, como si viera la sombra fatídica de Fortuño en un más de lo mismo.  Yo soy y seré parte vigilante de ese pueblo, para que se le cumpla exactamente lo que se le prometió.  Hoy por hoy esa voluntad y esa esperanza son el único tesoro del pueblo: la promesa cumplida tal como se le hizo. 

¡Los contratos se hacen para cumplirse, decía Marco Tulio Cicerón!  Lo demás nos recordaría a los Fortuños de la vida.

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