miércoles, 28 de noviembre de 2012

El Mayor Reto para el Nuevo Gobierno es Moral


En el catálogo de las calamidades que el desgobierno de Luis Fortuño le entrega a Alejandro García Padilla, hay que destacar como primario el de la vandalización del tesoro público por parte de una mafia inclemente, dirigida desde Fortaleza por Luis Fortuño y Marcos Rodríguez Pujada para saquear los dineros del pueblo y repartirlo entre amigos y corporaciones fatulas, extranjeras y del patio, que respondieran a la teoría del gobernador de que había que destruir el gobierno --- repartirlo --- y a los individuos --- los ciudadanos que lo eligieron para otra cosa --- que se defiendan como puedan.

Ese vandalismo administrativo destruyó las finanzas públicas, agotó el crédito del País, destruyó la frágil viabilidad crediticia del estado, y se valió de la mentira como principal instrumento de comunicación con el País.

Luis Fortuño se inició en la vida política mintiendo masivamente --- Carlos Romero lo llamó hipócrita y embustero desde el 2004 --- y ha culminado su desgraciado mandato mintiendo a rajatabla en todo lo que hace y dice.  En el 2008, a raíz de ganar la gobernación, reclamó que el gobierno saliente no debía hacer nombramientos para vacantes disponibles porque él necesitaba su propio equipo para gobernar.  Así lo hizo, decentemente, Aníbal Acevedo Vilá.  Ahora, indecentemente, Fortuño paga con la más rancia politiquería atornillando batatas y amarrando matojos en el camino de Alejandro.  El hombre es un fraude, un paquete con carita de monaguillo, lo que en el campo llaman todavía, “un fresco”.

Ahora bien, en última instancia, Alejandro presidirá como líder --- si se atreve a ejercer el liderato que el pueblo le ha confiado --- del Poder Ejecutivo, del Legislativo a través de la Conferencia Legislativa, y del Partido que preside.  De la Rama Judicial no hablo porque esa es “pérdida total”, como dicen los ajustadores de seguros.

¿Qué hará Alejandro con todo ese poder?  Los precedentes inmediatos en el Partido Popular no son tranquilizadores.  Ahí está todavía --- en alguna gaveta del Departamento de Justicia --- el Informe devastador de un grupo de ciudadanos sobre la corrupción en Hacienda y el Banco Gubernamental de Fomento sobre el robo, rayando la media noche anterior al cambio de gobierno en el año 2000, dirigido por aquel pillete de nombre Xavier Romeu, que repartió millones en sus oficinas al filo de la medianoche --- el famoso PRIF.

Sila María Calderón nombró ese Comité de Ciudadanos y luego se le sentó encima al Informe.  Aníbal Acevedo Vilá hizo lo mismo, y su Secretario de Justicia hizo lo mismo.

Perturba adicionalmente a la memoria y la decencia el hecho de que la corrupción de las aseguradoras de salud --- principalmente Triple S --- confesaron en la Corte Federal el haber contribuido dinero corrupto a las campañas políticas de Sila María Calderón y Acevedo Vilá --- y debe suponerse que a muchos otros, confesado el hecho por la Directora Ejecutiva de su organización delincuente --- ACODESE ---, ¿recuerdan?

Esos precedentes de pusilanimidad me preocupan.  Porque la crisis que vive Puerto Rico, más que económica, que lo es, se centra en el carácter, en la voluntad moral de su liderato --- aún concediéndole limpieza moral, como puede reconocérsele a Alejandro y de la cual carece enteramente Luis Fortuño.  Si el Partido Popular en el poder se amantequilla y no acomete las revocaciones y rectificaciones que el País creyó que estaba respaldando, se desacreditará para siempre.  A falta de voluntad y visión moral, el pueblo perece.  Se convierte en un reguerete, como decía Muñoz, en una clientela insensible de los centros comerciales, perenne madrugador.

El liderato democrático se solicita para usarlo, no para esperar a las próximas elecciones a ver qué pasa.  De eso hemos tenido demasiado en la historia reciente en el Partido Popular.

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