martes, 27 de noviembre de 2012

Un Recuerdo Relevante


Un día de verano de 1961, regresando yo de un año de sabática universitaria en la Escuela de Economía de Londres, recibí una invitación de Don Luis Muñoz Marín para una reunión en Trujillo Alto, cuyo asunto principal era una propuesta de Don Jaime Benítez para establecer una segunda Escuela de Medicina en Ponce.

Mientras entraba por el portón de la residencia de Don Luis, observé una serie de líderes legislativos populares marchar portón afuera, cabizbajos, preocupados, impactados claramente por lo que había transcurrido en la reunión con Muñoz recién concluida.  ¿Y qué es lo que había transcurrido allí adentro?  Sencillamente que Muñoz dictaminó en términos tajantes que ese liderato legislativo tenía que cortar, prescindir de los empleados fantasmas, familiares, amantes, comisarios políticos, cuyos costos eran millonarios.  Pude observar los rostros cenizos de Ernesto Ramos Antonini, Ildefonso Solá Morales, Cruz Ortiz Stella y otros prominentes líderes legislativos tras su capitulación ante los planteos políticos y morales de Don Luis.

Antes de este dramático evento, Don Luis --- viejo periodista --- sembró sus preocupaciones sobre el tema a través de su mensajero favorito, el periodista Alex W. Maldonado, de tal manera que para el momento de la reunión se había creado en la  opinión pública tal presión sobre aquellas prácticas que el planteo moral y político de Muñoz no podía rechazarse con buenas razones.  Porque aquella tarde aquel liderato popular era la parte acusada con muy pocas opciones de resistencia.   Muñoz decidió entonces cortar de raíz una tendencia aún incipiente, tan pronto le dio la peste de la corrupción.  La cirugía que entonces le impuso al presupuesto legislativo duró hasta que Pedro Rosselló y Luis Fortuño constituyeron la corrupción en política pública en las Tres Ramas de Gobierno.

Aquella noche Muñoz y yo, a insistencia suya, hablamos hasta las dos de la madrugada y tomamos cantidades navegables de vino tinto, hasta que Doña Inés más o menos nos botó del rancho, y nos mandó a dormir.

Esta recuerdo me conmueve, por su sencillez y por su significación.  Porque vivimos el momento en que un nuevo líder del Partido Popular y del País tiene que enfrentarse a las gollerías de algunos de los legisladores de su partido, que le ofrecieron al pueblo una reforma legislativa y ahora no quieren cumplirla.

No puede decirse que el liderato de Alejandro García Padilla esté en entredicho ya, porque su actitud es consistente y firme con respecto a hacer cumplir los compromisos contraídos con el pueblo.  Pero el saboteo es a veces más efectivo que las posiciones claras y verticales.  Si los legisladores populares se salen con la suya, se trataría de la política como de costumbre.  Pero si Alejandro García Padilla permite esa jaibería, adiós liderato efectivo para ahora y el futuro.  Porque en el sistema democrático si los líderes no liderean, el pueblo se desmoraliza y se entrega a las pequeñas ofertas y a los colorines de la publicidad.

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