domingo, 25 de noviembre de 2012

Candidaturas


Cunden en la prensa los rumores sobre los candidatos para el Gabinete del Gobernador, el Grande y el pequeño de tipo ministerial.

Es lógico, normal, que el silencio sobre opciones reales se llene con rumores.  Ese es el deporte favorito de los medios de comunicación, de los serios y de los que llenan con intrigas su ignorancia.

Hablando en serio, sin embargo, hay que asumir la responsabilidad de competencia y capacidad de esos candidatos, porque no se trata de reclutar el número necesario de los espacios a llenarse, como si se tratara del juego de la gallinita ciega, que exige tal o cual cantidad de jugadores.  Se trata de un asunto muy serio, que envuelve la calidad del servicio público y la preparación intelectual, administrativa, moral y programática de una nueva administración de gobierno, en sustitución de la más corrupta e incompetente de nuestra historia de siglo y pico.

No puedo, y no debo, dictar las normas específicas al nuevo Gobernador sobre las cualificaciones específicas de sus nominados al aparato administrativo del Estado.  Ese es su trabajo, su obligación y su responsabilidad no compartida con nadie.  Porque suya es la responsabilidad y suyas las consecuencias de sus decisiones.  Por eso me limito, como ciudadano y como amigo que defendí y voté por su candidatura, a unas indicaciones de principio, prácticas en su naturaleza, pero sin las cuales no es posible lograr una administración --- no honesta, porque eso lo doy por sentado --- efectiva, relevante a la desolación económica y moral que hereda como País de manos de Fortuño.

Mi planteo, en forma de anticipación y amigable advertencia, es en el sentido de que para lidiar con los desastres de educación, Departamento y Universidad, no es suficiente la ambición y la disponibilidad de candidatos conocidos o inéditos.  Hace falta mucho más, y el Senado y el pueblo en su día deben exigir mucho más:  deben exigir un proyecto concreto, que se constituya de Visión, Estrategia, Programa y Decisiones.  Eso es particularmente necesario en Salud y Educación, no sea que amanezcamos un día con otro burócrata gastado, aunque con mucha prensa, o con cabilderos de las aseguradoras de salud con capucha de reformista.  ¡En ambas casos, de que los hay los hay, y ya suenan…!

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