martes, 18 de septiembre de 2012

Héctor O’Neill: ¿Con la Fuerza y la Determinación?


¿Qué fuerza, señor alcalde?  ¿La fuerza de cara de un delincuente electoral y  la determinación de pasarle el rolo caciquista a todo el que lo cuestiona?

Es predecible que se aproveche de la ignorancia y la candidez de Félix Baerga y de Iván Calderón para sus anuncios engañosos de reelección, pero a los ciudadanos avisados de Guaynabo, contribuyentes todos, no se les puede engañar con aspavientos de poder aunque sea un poder corrupto, podrido.

Si Puerto Rico tuviera un Secretario de Justicia serio y competente, Héctor O’Neill estaría camino a la prisión por  delitos de fraude electoral, obstrucción a la justicia, violador de los derechos de sus empleados, enemigo y perseguidor de las comunidades pobres para servir a sus socios ricos, entre otros desmanes contra la ley y la justicia.  Pero no hay Secretario de Justicia, lo que tenemos es un buscón de prestigio que no puede obtener por sus méritos (¿?), y actúa como mandulete de partido, deshonrando una posición que en el pasado fue ejercida por profesionales íntegros, no todos, pero muchos.

Lo único que tenía que hacer ese proto-Secretario era extender inmunidad a los policías que se negaron a declarar sobre el fraude primarista cometido y ordenado por O’Neill, es decir, extender inmunidad a los policías corruptos, y cantarían como ruiseñores o irían presos.  Pero a nadie le interesó la verdad:  ni a Fortuño, ni al Secretario, y mucho menos al alcalde culpable directo del fraude.  Eso es lo que él llama, para ganar, “fuerza y determinación”.  Fuerza de cara y determinación delictiva impune.  Porque él es el dueño de Guaynabo, y el dinero de sus contribuyentes se usa liberalmente para comprar conciencias.  Mientras tanto, “mi pueblo duerme”, y Héctor O’Neill rebosa de dinero y propiedades aquí y en el exterior, a decir de Fuente-Ovejuna.  Ahora falta que la fuerza de cara y la determinación de O’Neill superen la fuerza moral y conciencia limpia de los ciudadanos de Guaynabo. 

¡Apostemos siempre al pueblo, que tiene intereses sanos, contra la fuerza de cara y la determinación de los caciques que le oprimen!  ¡Recuerden, vergüenza contra dinero!

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