lunes, 24 de septiembre de 2012

Luz Eufemia le Exige el Voto a las Mujeres


Luis Fortuño, ante el fracaso de todo lo que toca, ha lanzado a las mujeres PNP al ruedo de la derrota.

Albita Rivera, debilitada en su distrito representativo, se une a la locaria de Melinda Romero en su ataque al Arzobispo Roberto Torres González, que uno supone tiene la culpa de que el electorado de San Juan haya despertado a la realidad de quién es en verdad Albita Rivera, una arpía partidista implacable contra todo y todos los que no sirvan a su voracidad de poder.

Ahora Albita tiene un refuerzo, la mujer del gobernador.  No digo Primera Dama porque no lo es, porque en vez de asumir su responsabilidad de servicio al País, desde la Fortaleza y con todos los recursos y oportunidades para hacerlo, prefirió el lucro personal privado como notaria “deluxe”, preferida oportunísticamente por la mafia bancaria que come de la mano del gobernador.

Doña Luz Eufemia incursiona en el debate partidista y le pide el voto a la mujer --- 52 por ciento del electorado --- para el PNP y su esposo, que le permite lucrarse --- amoralmente --- de su privilegiada posición para que los bancos, en un toma y dame burdo, le aumenten sus ingresos de $40,000 a $400,000 anuales por ser la “primera dama” que se ha negado a ser.

Si doña Luz Eufemia hubiese asumido su responsabilidad institucional --- que todas las Primeras Damas de verdad asumieron desde 1948 hasta 2008 --- hubiese dedicado su tiempo y los privilegios que el pueblo le brinda como esposa del gobernador al servicio del pueblo.  Le hubiésemos visto abrazar las causas de la mujer discriminada, maltratada, asesinada, sumida en la pobreza, gritando por justicia de manos de aquella que un día encumbraron con su voto hasta la Fortaleza.  Nunca pensaron que sólo se acordaría de ellas la Primera Dama fatula para volver a pedirle el voto, no para ellas, sino para “ella”, para seguir guisando desde la cumbre a la que las mujeres pobres la enviaron.

¿Pedirle el voto a esas mujeres pobres, maltratadas, despedidas de sus empleos, para que Fortuño y ella sigan haciéndose ricos sobre sus espaldas? ¡Que cuajo!

¡No y No! Le dirán las mujeres dignas del País.

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