martes, 4 de septiembre de 2012

Puerto Rico Necesita un Gobierno y un Gobernador


Si un estudiante de segundo año de colegio pregunta qué es la política, de qué trata, para qué sirve --- o un ciudadano alerta y pensante plantea el asunto como preocupación esencial de su cotidianeidad --- la respuesta tolera muchas explicaciones, pero todas a partir de un significado medular sobre la actividad, el proceso, y los fines de la política.  Y ese significado es el siguiente:  la política es aquella actividad y proceso mediante los cuales la comunidad política --- Atenas, por ejemplo, o Puerto Rico ---, decide quién va a gobernarla, cómo, hacia cuáles fines, de tal manera que se realice el Bien Común.

Desde Aristóteles de Estagira, Siglo IV A.C., hasta  John Dewey en Estados Unidos --- siglos 19 y 20 --- la reflexión filosófica y teórica sobre la política gira en torno a “la vida pública”, a diferencia de la vida privada de las personas y sus derechos de expresión y acción que le dan rumbo y legitimidad a las acciones del estado como gobierno.

La sociedad se organiza políticamente como estado, y el estado --- el democrático, por lo menos --- organiza un gobierno mediante una Constitución bajo la cual se establecen y se quitan gobiernos por voluntad electoral del pueblo.

Mientras tanto, entre elecciones, el gobierno tiene la responsabilidad indelegable de responder a las necesidades y problemas del pueblo con los recursos del pueblo mismo, para asegurarle tanto bienestar como sea posible con los recursos --- contribuciones y arbitrios que el pueblo paga.

Lo anterior constituye una respuesta inevitable, la única posible, a la pregunta inicial del estudiante al principio de este escrito.

Lo que está ocurriendo en Puerto Rico, donde un gobernador  ha declarado como meta el desmantelamiento de todas las instituciones del gobierno para entregárselas a precio de pescado abombao a los intereses privados --- si ganan, ganan ellos, si pierden paga el pueblo.   Y si por el motivo de lucro que los rige ofrecieran malos servicios, no hay gobierno --- el gobierno del pueblo, recuerden --- ante quien reclamar los servicios por los que se paga.  Esta teoría de gobierno, o de desgobierno, no tiene razón de ser ni precedente en la historia de la democracia.

Se trata, en el Puerto Rico del 2012, del acto de irresponsabilidad y de traición más cínico y perverso de nuestra historia, confesado como programa político en Tampa y en San Juan.

Puerto Rico salió de esa teoría republicana, coalicionista, de colmillús, de las haciendas de café y tabaco y del negocio de importaciones, en 1940.  Ahora, por engaño, nos quieren lanzar 72 años atrás, cuando Luis Fortuño solicitó dirigir el gobierno, y ahora sabemos por su boca de comer que era para destruirlo, mientras su familia y sus amigotes se hacen multimillonarios.

Solicitar del pueblo otra vez que le reelija para continuar su obra destructiva de todo --- como los huracanes que no discriminan --- requiere un cuajo que le da cuatro vueltas al País.

De hecho, ahora promete destruir el Centro Médico.  Ya destruyó la Universidad, enviando allí a realizar su nefasta obra a su colección de mediocridades incultas, sin la más mínima noción de lo que es una Universidad, y lo que fue la nuestra un día, de 1942 a 1971.  Si la U.P.R. fue el barco bandera de la transformación de Puerto Rico de 1941 al 2008, el Centro Médico ha constituido, y es, el seguro de salud más esencial y prestigioso de toda América Latina.  ¡Pero hay que destruirlo, venderlo, para él manejar el dinero para financiar sus embustes!

De eso es que tratan las elecciones de noviembre 6.  O recibe una patente de corso para seguir destruyendo al País o el pueblo le dice: ¡Basta ya!

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