lunes, 15 de octubre de 2012

El Nuevo Día: Un Editorial Inexplicable


El periódico El Nuevo Día ha realizado durante el último año --- cuando le vieron las espuelas y los colmillos a Luis Fortuño --- una obra positiva de crítica bien fundada sobre el esquema ubicuo de corrupción y de partidismo crudo de parte de Luis Fortuño y su administración.

Vaya eso por delante como contrapeso a lo que hoy he de expresar, con sorpresa y pesar, sobre el editorial estúpido con que sale hoy en defensa del periodismo prostituto de El Vocero.

Alega el editorialista que importantes líderes del PPD han atacado la integridad personal y profesional de los periodistas que firman las atrocidades politiqueras que El Vocero le ha vendido al PNP a cambio de que --- con dineros públicos --- sus páginas ejerzan el papel de gaceta y pasquín de ese partido.  Yo no he captado tales ataques del PPD a los periodistas.

El Nuevo Día prende en ira santa porque supuestamente se ha atacado la integridad y misión de los periodistas cuyos nombres aparecen firmando las atrocidades mandases y politiqueras de los dueños de El Vocero.  Mi vieja exclamaría, si leyera esa falsa indignación, “¿de cuando acá periquita con guantes?”  Y el viejo bardo inglés William Shakespeare seguramente exclamaría, “! me thinks the lady does protest too much!”.

Vamos a los hechos, como base de las expresiones que haré sobre la indignación comercial de El Nuevo Día.

Hace años que El Vocero ha venido practicando un periodismo adulterino, tergiversando, falseando, inventando noticias, todas al servicio del PNP y adversas al PPD.  Naturalmente, eso se paga con dinero, y Fortuño ha sabido corresponder a esa permuta de la verdad por dinero, no con dinero de Fortuño ni del PNP, sino con dinero del pueblo de Puerto Rico, en pago a ese adulterio periodístico.  Pero hace poco los dueños y directores del periódico pasaron del adulterio a la prostitución, y le vendieron la conciencia periodística --- si alguna quedaba --- a Fortuño por dinero del Departamento del Trabajo y contratos para su director.  En vista de eso y del descrédito del periodicucho en la calle, optaron por entregarse totalmente:  El Vocero gratis, porque el gobierno lo paga.  Claro está, si no se vende, si no cuesta, es porque no vale nada, y eso es lo que vale, exactamente nada.

Es increíble que ante ese cuadro de prostitución periodística, que  obliga a sus reporteros a firmar los engendros que publica como manera de mantener sus frágiles empleos, El Nuevo Día monte en ira santa para defender la libertad de prensa y la integridad de los periodistas que firman las  “noticias” de El Vocero.

Está claro que hay que defender la dignidad de los periodistas, si tienen dignidad.  Claro que hay que defender la libertad de prensa si es que es “prensa” y “libre” un pasquín político como El Vocero.  Pero eximir a esa hoja suelta partidista de la crítica y de la libertad de pensamiento y expresión de la ciudadanía y de los políticos que El Vocero difama a diario, es sencillamente analfabetismo intelectual sobre el tema o algo peor e inconfesable.

Lo que las constituciones políticas y la democracia liberal mandan sobre este tema es la prohibición al Estado para suprimir la prensa y los periodistas, no importa lo incómodos e impertinentes que resulten.  Pero no le abrogan la libertad a nadie para criticar la corrupción de alguna prensa y algunos periodistas cuando venden al mejor postor su ministerio, o por debilidad moral o intelectual traicionan la profesión del periodismo mismo.

A fin de cuentas, la libertad de prensa es la libertad de los dueños de la prensa, y muy marginalmente la libertad de los periodistas.  Pero cuando estos son íntegros y profesionales, merecen todos los reconocimientos y consideraciones del público democrático.  Sin embargo, cuando estos periodistas se convierten en despotricadores y cizañeros a sueldo contra todo y todos, no merecen la estima del público aunque se respete su manera de ganarse la vida.

Uno se pregunta por la motivación del El Nuevo Día para escribir un editorial tan estúpido como el de hoy.  ¿Cuál es el “consideration” que explica tamaño disparate?

La conducta de El Nuevo Día en las próximas seis semanas nos dará la respuesta.

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