domingo, 7 de octubre de 2012

La Marca de Fábrica de los Mandones


Loa mandones, los dictadores, los gobernantes absolutos --- que es la regla en la historia de la humanidad hasta el Siglo XVII --- exhiben un carimbo, una marca de fábrica que los identifica sin lugar a dudas, frente a gobernantes democráticos, liberales, de poderes limitados.  Por un lado, la sensualidad casi erótica por el poder total, sin límites.  Por otro lado, la alteración del sistema político constitucional --- mediante el cual llegaron al poder --- para apoderarse de todo el poder.  En manos de un fanfarrón como Hugo Chávez --- una especie de Jorge Santini venezolano --- el hecho no sorprende.  Pero en manos de una aparente mosquita muerta como Luis Fortuño, el fenómeno reta la credibilidad, la suya y la de los que votaron por él en el 2008.

Este contraste entre prédica liberal y conducta totalitaria, mientras a su vez se pretende reducir el gobierno  a una débil ficción, viene de lejos en la historia de Occidente.  Hasta mediados del Siglo XVII todos los gobiernos y todos los gobernantes fueron absolutistas y/o totalitarios.  Las camarillas que dominaban las asambleas y las cortes en la democrática Atenas mataron a Sócrates, y la camarilla hebrea que representaba a Roma en Jerusalén mató a Cristo.  Los dos se atrevieron a ejercer su libertad de pensamiento y expresión.

La democracia liberal --- esto es, el sistema de gobierno limitado como antídoto a los mandones --- es cosa del Siglo XVII y XVIII, de las revoluciones inglesas, americanas y francesas.  El pueblo adquiere libertades, y vota para poner y quitar gobiernos, y para vigilar a los mandones que intentan tragarse para ellos personalmente, los tres poderes del Estado y las libertades de la sociedad.

La personalidad autoritaria no repara en esas teorías y precauciones.  Algunos, como Luis Fortuño, desprecian el gobierno del pueblo pero se lo abroga todo, ilegal e inmoralmente.  Eso hizo Julio César en Roma, los Luises de Francia, todos los reyes de España, y los de Inglaterra hasta que el pueblo se sacudió de ellos.

Observe el lector el siguiente proceso en America Latina:  Fidel Castro prometió restituir la Constitución de 1940 y la traicionó, apoderándose absolutamente de todos los poderes sobre personas y cosas.  Hugo Chávez juró en vano por Bolívar y manchó su memoria con su fantochería totalitaria.  Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador llegaron al poder mediante una Constitución liberal, y desde el poder la cambiaron para perpetuarse en el poder absoluto y total.

Fortuño, supuestamente republicano o liberal en cuanto a gobierno limitado, desarrolla un apetito voraz por el poder total, quiere alterar la Constitución, cambia las reglas del juego electoral, limita la libertad de expresión, y vende al mejor postor los derechos de las víctimas de los mogules hospitalarios.  Le quita derechos a los débiles para vendérselos a los fuertes.  Ese es el carimbo, la marca de fábrica de los mandones. 

El liderato es otra cosa.  Es fuerza moral,  es la dignidad de la honestidad y la verdad.  Su conducta representa otra corrupción --- además de la del dinero público que reparte entre sus amigos --- que carcome el sistema democrático que heredó, y que en menos de cuatro años ha hecho cenizas.

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